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Opinión

Obama y los siete enanitos; por Rafael Navarro-Valls, Catedrático de la Facultad de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y Director de la Revista General de Derecho Canónico y Derecho Eclesiástico del Estado de Iustel

30/09/2011
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El día 30 de septiembre de 2011, se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de Rafael Navarro Valls, en el cual el autor afirma que Barack Obama no quiere ser un presidente de un solo mandato, y por ello ha pasado al ataque tratando de recuperar su papel de héroe de las clases medias. Trascribimos íntegramente dicho artículo.

OBAMA Y LOS SIETE ENANITOS

Barack Obama no quiere ser un presidente de un solo mandato, y por ello ha pasado al ataque tratando de recuperar su papel de héroe de las clases medias. Así cabe interpretar su reciente propuesta de imponer un impuesto para ricos, un movimiento con el que procura cobrar ventaja frente a un rival todavía por determinar. Y es que las primarias oficiales para designar al candidato republicano a la Casa Blanca comienzan en Iowa el 6 de febrero. El vencedor se anunciará en la convención de Tampa Bay el 27 de agosto próximo. Sin embargo, los precandidatos llevan ya varios meses luchando en un proceso bautizado como las primarias invisibles. A la espera de que Blancanieves -la ex gobernadora de Alaska Sarah Palin- decida sumarse al cortejo, los llamados siete enanitos ya afilan sus cuchillos en debates televisados. En realidad son nueve los aspirantes republicanos, pero dos de ellos cuentan poco: el congresista Ron Paul, un libertario cuyas ideas en materia económica suelen ser extravagantes, y Gary Johnson, ex gobernador de Nuevo Mexico.

Es una situación bastante parecida a la creada en 1992, cuando a un Bush padre en la cumbre de su popularidad le disputaron la presidencia siete demócratas casi desconocidos, de entre los que, sorprendentemente, salió el nuevo presidente. Bill Clinton fulminó a un humillado Bush, que sólo 18 meses antes contaba con un 90% de aprobación. Curiosamente, para los republicanos esas serían ahora las elecciones perfectas. Un mediático presidente como Obama derrotado por uno de esos inofensivos precandidatos. Los comicios perfectos para los demócratas serían como aquellos en los que Ronald Reagan destruyó al demócrata Walter Mondale. Para los republicanos actuales su héroe sería, pues, Clinton; mientras que el modelo para los demócratas sería Reagan. El mundo al revés.

Hoy por hoy, la posición de Obama de cara a las elecciones de 2012 es superior a la de sus adversarios republicanos. Un motivo destaca sobre cualquier otro: un candidato a la presidencia en EEUU es un rehén del dinero y es conocida la notable capacidad del presidente afroamericano para recaudar fondos para sus campañas. En el segundo trimestre de este año, en cuanto anunció su candidatura para la reelección, Obama generó casi 90 millones de dólares. Junto a los miles de pequeños contribuyentes, se han sumado como grandes mecenas los empresarios de Silicon Valley y los estudios de Hollywood, algo menos volcados con Obama que en la campaña anterior pero todavía decisivos. Para acelerar el proceso de recaudación, Obama acaba de terminar una gira por tres estados ricos solicitando más fondos: California, Washington y Colorado. Probablemente alcanzará la cifra de 750 millones de dólares, que es lo que gastó en la campaña de 2008.

En el mismo espacio de tiempo, el precandidato republicano que más fondos ha obtenido ha sido Romney, con 18 millones. Los restantes aspirantes quedan muy rezagados: la congresista por Minnesota y estrella del Tea Party, Michele Bachmann, 3,63; el empresario afroamericano de Georgia, Herman Cain, 2,55, aportados en casi su totalidad por él mismo; dos millones ha recaudado el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich; Rick Santorum, ex senador por Pensilvania, ha recaudado 582.098 dólares; el antiguo embajador en China, Jon Huntsman, y Ron Paul rondan los cuatro millones. Y sobre el gobernador de Texas, Rick Perry, el último incorporado a la batalla, todavía no hay datos fiables.

Hay otras razones que explican la ventaja de Obama sobre sus adversarios republicanos, como por ejemplo su sobreexposición mediática, apabullante en comparación con los precandidatos del partido del elefante, que empiezan ahora débilmente a abrirse paso en la tormenta periodística de cada día.

Es verdad que la aprobación del inquilino de la Casa Blanca ha caído en septiembre al 42,9%. Esa tasa de popularidad se elevaba al 63,3% cuando tomó posesión. Sin embargo, las mismas encuestas le dan a Obama tres puntos de ventaja sobre Romney y ocho sobre Perry y Bachmann. Y cuando se les pregunta en quién confían más para manejar la economía, los ciudadanos siguen prefiriendo a Obama (42%) sobre los republicanos (39%).

Estos datos son muy significativos, pues se producen cuando ya está disipándose el efecto Bin Laden y cuando la minoría hispana -el grupo de electores de mayor crecimiento en todo EEUU- comienza a sentirse inquieta con Obama: el apoyo latino ha caído al 49% desde el 63% que votó por él en 2008. Sin embargo, los sindicatos y la minoría afroamericana parecen seguir firmes. De hecho, Obama ha zanjado las dudas de esta última pidiendo que dejen de “quejarse” y le ayuden a presionar al Congreso para aprobar su plan de empleo, en el que ellos serían los primeros beneficiarios.

El problema es que trabajadores y afroamericanos voten en 2012. Suele decirse que EEUU vota republicano hasta las cinco de la tarde. A partir de esa hora, los trabajadores que regresan a casa dudan si pasarse o no por las urnas. Si lo hacen, ganan los demócratas.

Por último, otra aparente ventaja para Obama es que su amenaza de veto contra la hipotética admisión de Palestina como Estado en la ONU le ha granjeado definitivamente la lealtad del influyente lobby judío.

El problema más serio para Obama es el desempleo. La crisis destruyó más de ocho millones de puestos de trabajo en EEUU, y a pesar del ambicioso plan de choque la tasa de desempleo oficial sigue siendo muy alta (9,1% en septiembre, con 14 millones de parados). Los republicanos le llaman “presidente cero” por su nula capacidad para crear empleo, y ningún presidente ha sido reelegido con un paro superior al 7,5%. Esto explica que los llamados swing voters (electores que cambian de preferencia en votaciones distintas) castigaran a Obama en las elecciones midterm, volcando el Congreso hacia los republicanos. Los seguidores del presidente se consuelan de nuevo con el ejemplo de Reagan. En las elecciones de medio mandato de 1982, el septuagenario presidente fue duramente castigado porque la tasa de desempleo rondaba el 11%. Sin embargo, logró bajarla al 7,2%, manteniéndose fácilmente en el poder tras las generales de 1984. Por lo demás, Roosevelt tuvo que enfrentarse con una realidad económica parecida y aun así se mantuvo 12 años en el poder.

Así las cosas, se entiende que los cañones de los aspirantes republicanos hayan apuntado a la economía en las tres ocasiones que han debatido ante las cámaras. En el primer debate, otra Michelle distinta de su esposa apareció en la vida de Obama. Me refiero a la citada Michele Bachmann, cuya intervención comenzó con el bautizo de Obama como “presidente de un solo mandato”. Bachmann fustigó la política sanitaria y económica de la Casa Blanca, y pidió a los votantes que libraran a EEUU de esa calamidad. En un panorama de candidatos republicanos no especialmente atractivos, la súbita aparición de esta congresista de 55 años con cinco hijos, desenvuelta y con carisma, ha llevado a que los grandes electores mediáticos de la costa Este comenzaran a fijarse en ella. Para The New York Times y The Washington Post, Bachmann es una candidata presidenciable. Su estrategia es clara: lanzará toda la artillería sobre su Iowa natal, donde presentará oficialmente su candidatura. Al ser un Estado con mayoría conservadora y el que inicia la larga carrera de las primarias, vencer allí le haría ponerse a la cabeza de los candidatos. Después... ya veremos.

De momento, sin embargo, cabe reiterar que quienes encabezan las encuestas del pelotón republicano son Romney y Perry. El primero es un político de la vieja escuela, precandidato en las elecciones de 2008 y al que apoya el establishment republicano. Con experiencia de gobierno -fue gobernador de Massachusetts- suele subrayar que durante su mandato (2003-2007) eliminó el notable déficit del Estado sin subir los impuestos. Para él, “Obama ha arruinado América con sus políticas a la europea”. Multimillonario, tiene fama de flip-flopper (chaquetero). Como gobernador de un Estado liberal como Massachusetts, se mostró partidario del aborto y la investigación con células madre, aunque en las primarias de 2008 su mensaje había sido provida. Estos cambios de rumbo lo hacen sospechoso para el Tea Party, y tiene otro grave problema: la ley de reforma sanitaria -tan criticada por los republicanos- se parece mucho a la que él impulsó en 2006 cuando era gobernador.

Unas veces delante, y otras inmediatamente detrás de Romney, en los sondeos aparece Perry, 11 años gobernador de Texas y un ex demócrata converso al republicanismo. Su candidatura -presentada hace sólo un mes- conmocionó el curso de las primarias invisibles, pues tiene el historial preciso y la carga ideológica necesaria para ser exactamente lo que desean muchos republicanos. No ha perdido una sola elección desde 1987. Su principal atractivo es que durante sus años de gobernador Texas ha creado más empleo que cualquier otro Estado en la última década. Es un halcón proisraelí en política internacional y un conservador en materia social. El equipo de Obama cree que Perry sería un rival más débil, precisamente por la dificultad que tendría para hacerse con el centro político. Algo que sí logró Reagan, con el que algunos intentan compararle. Por lo demás, Larry Flynt, el fundador del imperio pornográfico Hustler, la ha tomado contra Perry y ha ofrecido un millón de dólares a quien aporte pruebas de “una relación inapropiada” del gobernador. No es la primera vez que lo hace. Aunque con Clinton pinchó en hueso, Flynt logró arruinar la carrera política de Bob Livingston y David Vitter, dos políticos de Luisiana.

Luego vienen los candidatos de segunda división: Jon Huntsman, ex embajador en China de Obama, y Newt Gingrich, azote de Clinton en el Congreso pero muy erosionado por los líos en sus tres matrimonios. El problema de ambos es que han sido abandonados por los directivos de sus campañas, descontentos con el modo de llevarlas. Los comparsas son el congresista afroamericano Herman Cain, el ex senador Rick Santorum, que perdió la reelección en su estado en 2006, y Ron Paul y Gary Johnson, ya mencionados.

No es nada fácil echar de la Casa Blanca a un presidente después de su primer mandato. En el último medio siglo sólo tres presidentes no han sido reelegidos: Ford, en 1976; Carter, en 1980 y Bush padre, en 1992. Muy mal tendría que hacerlo Obama en los 14 meses que quedan hasta las presidenciales y muy bien el candidato republicano para consumar el cambio en Washington.

De todas formas nada es imposible, y Obama todavía tiene que lidiar con una economía muy inestable. Los contrarios al presidente pueden consolarse con un vitriólico libro que acaba de publicar el periodista y premio Pulitzer Ron Suskind, quien, citando a un consejero de la Casa Blanca, coloca en la espalda del presidente nada menos que este juicio de sus colaboradores sobre él: “En el Ala Oeste estamos solos: no hay al frente un adulto responsable”. Tal vez por eso David Axelrod, principal gurú de Obama, ha calificado de “lucha titánica” la batalla por lograr la reelección.

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Comentarios - 1 Escribir comentario

#1

Un fino análisis y un artículo muy interesante.

Escrito el 30/09/2011 13:12:14 por ACOLB0771 Responder Es ofensivo Me gusta (0)

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