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Recetas para una crisis global: repensar la democracia; José Eugenio Soriano García, Catedrático de Derecho Administrativo

15/07/2011
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El día 13 de julio de 2011, se ha publicado, en el diario El Imparcial, un artículo de José Eugenio Soriano, en el cual el autor opina que un gravísimo problema que subyace detrás de esta enorme, inmensa, crisis, se encuentra probablemente en la falta de calidad de la democracia y, más en concreto, en las clases de políticos que hemos tenido y tenemos. Trascribimos íntegramente dicho artículo.

RECETAS PARA UNA CRISIS GLOBAL

Con el miedo en el cuerpo: así estamos desde que los propios Estados Unidos han acabado amenazando con la suspensión de pagos o la quiebra (diré que no me gusta la cansina utilización del vocablo inglés, “default”, que tanto puede significar una quiebra como una suspensión, por lo que prefiero el buen castellano que distingue claramente los dos supuestos ¡Ventajas del español!). El discurso de Obama reconociendo que no puede abordar todos los programas es como para echarse a temblar. Y luego, aquí en Europa, la caída de Grecia - siempre Grecia - Irlanda, Portugal, y las amenazas - en realidad coacciones - sobre Italia y España, no dejan respirar.

Con gracia diabólica comentaba hace poco un banquero que esos pobres movimientos de tantos ahorradores colocando un máximo de cien mil euros en cada Banco para tener así garantí de que el Fondo de Garantía los iba a proteger, era una broma. Y la concretaba preguntando ¿Pero alguien cree que si entramos en suspensión de pagos ningún Fondo puede garantizar cien mil euros a cada uno de los millones de españoles que tienen ahí invertidos sus depósitos? Y luego seguía: no se fíe de la Ley, en nuestro país, las Leyes sirven mientras alguien dice que no sirven. Y ese alguien puede ser... el mismo que hizo la Ley que ahora se deroga. No se fíe.

Y en efecto, no hay que fiarse ni confiarse. Esta idea de que sobreviviremos puede ser muy cierta, pero hoy por hoy, no deja de estar encerrada dentro de una gran dosis de incertidumbre. Sobreviremos, sí, pero ¿cómo?

Un gravísimo problema que subyace detrás de esta enorme, inmensa, crisis, se encuentra probablemente en la falta de calidad de la democracia y, más en concreto, en las clases de políticos que hemos tenido y tenemos. Además de que en general carecen de formación y de experiencia (otra que no sea el anclarse en el partido como a un sindicato que les retribuye en dinero, poder y favores), todos parecen ponerse de acuerdo en una serie de tics que, creo, están detrás de la situación de la crisis.

Así, en primer término, un serio problema de la clase política, propia y foránea, es la de no decir la verdad. Ni la verdad propia (sobre sus propios intereses) ni la verdad ajena, esto es, sobre aquello que manejan. Tomemos el ejemplo de las Cajas de Ahorros. Estas beneméritas Instituciones, en origen eclesiástico y municipal, cayeron en manos de la clase política, desde luego en la democracia tras el Decreto Fuentes Quintana. Y los políticos sí que supieron que hacer con ellas, aunque dieran al traste con su patrimonio y con sus fuentes de ingreso. Así, si había que dar crédito sin límite para la construcción de viviendas de protección oficial, pues se daba con toda alegría. Si había que construir un aeropuerto en medio de un erial, pues se hacía y tan frescos. Y si había que hacer una línea de AVE para cinco pasajeritos, pues a por ello. Y todo, además, imponiendo a las Cajas esas prestaciones sin límites y a cambio de buenos - buenísimos - sueldos, tarjetas de crédito, viajes, seguros, coches y chóferes y sobre todo la inmensa satisfacción, un placer orgásmico, de hacer favores a quien quieras y perjudicar también a quién quisieras. Un terreno sin límites.

Y así sucedió: mientras hubo vacas gordas, aquello parecía que permitía acertar al político de turno y comprar miles de votos, de favores, de poder, y además gozar de la buena, buenísima, vida de quien dispone siempre del dinero ajeno sin responsabilidad. Porque ésa es otra: tras meternos, en España, en una crisis inmensa por haber seguido la economía del ladrillo sin limitaciones, ahora nos toca pagar a todos: las pensiones, otrora intocables, ya se han tocado y a partir de enero se produce una rebaja silenciosa al computar ya por los últimos 25 años y no por los 15 actuales, (que antes fueron 8, y antes 2...); lo sueldos de los funcionarios, también. Somos nosotros los ciudadanos los que estamos pagando la crisis y la que la pagaremos aún mucho más. Los viejos “pecheros” castellanos- y símil semejante en otras Regiones -, que siempre son los que acaban pagando lo que hacen los que tienen poder.

Y con ello, arribamos a la cuestión última: ¿y quién da el poder a esta gentecilla? Aquí es donde hay que pensar y repensar la democracia y saber encajarla dentro del Estado de Derecho. Ese será el gran desafío. Y mientras tanto, ¡todos indignados!

Y hay que comenzar por exigir responsabilidades. Por ahí comienza toda regeneración. Claro que para ello hay que tener un Poder Judicial independiente y que sea verdaderamente tal. Y eso, también precisamente eso, es lo que se echa de menos.

Seguiremos sobre el tema. De momento ¡salud y a aguantarse!

Recetas para una crisis global: repensar la democracia

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