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Jorge de Esteban, In memoriam

16/05/2024
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Se reproducen a continuación los artículos de Pedro González-Trevijano y Elisa de la Nuez (El Mundo) y Luis López Guerra (ABC) en homenaje al profesor Jorge de Esteban, recientemente fallecido.

Arquitecto de nuestro régimen constitucional; por Pedro González-Trevijano, catedrático de Derecho Constitucional. Ex Presidente del Tribunal Constitucional y Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

El Mundo 16.05.24

El pasado martes fallecía el catedrático y embajador de España Jorge de Esteban (1938-2024). Un maestro de verdad, un maestro con mayúsculas que supo transmitir no solo conocimientos, que también, sino principios, valores y sabiduría. Jorge de Esteban ha sido, sin género de dudas, uno de los grandes referentes del Derecho Público español; y en particular del entonces Derecho Político, hoy denominado Derecho Constitucional.

Conocí al profesor De Esteban al cursar la licenciatura en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, en el mes de octubre de 1975. Era uno de los profesores más distinguidos y solventes de la Universidad Central. Impartía dos Grupos, uno de primer curso y otro de segundo, de alumnos deseosos de escucharle. Sus clases eran sencillamente magistrales. Las preparaba de forma minuciosa y exhaustiva. Sin dejar nada a la improvisación. Lo que más me llamaba la atención era que, además de exponer de forma sobresaliente las líneas principales de las distintas lecciones del programa, incorporaba noticias de periódicos que completaban y hacían atrayentes sus explicaciones. Sus clases estaban atiborradas de alumnos, en un número superior a los 300, muchos de pie y no pocos sentados en sus pasillos. Recuerdo, era una de las cosas de las que se sentía más orgulloso, que cuando se establecieron en la universidad las encuestas entre el alumnado sobre la calidad y dedicación de los profesores, éste se hallaba recurrentemente, año tras año, entre los primeros. Unas clases a las que asistía impecablemente ataviado con una americana de franela, un chaleco sobre una camisa azul o a rayas y una llamativa corbata, acompañado de una perenne cartera de cuero negro.

El general Franco fallecía dos meses después de iniciar el curso académico. Aunque ya desde un primer momento se había negado a explicar las Leyes Fundamentales: una “pantomima”, afirmaba rotundamente, de Constitución, mientras auspiciaba una Transición política que desmantelara las rancias estructuras del franquismo y abriera la puerta a la elaboración de una Constitución democrática. Que impulsó de forma principalísima y en compañía de sus discípulos, los profesores López Guerra, García Ruiz, Varela y García Fernández con la publicación de un libro absolutamente crucial y sin el que no se puede comprender la actual España constitucional. Me refiero al ensayo Desarrollo Político y Constitución Española (1973), que se escribió en una especie de retiro laico en la Hospedería del Valle de los Caídos. Una obra quizá no suficientemente valorada y que en cualquier otro país le habría llevado a ser considerado el octavo de nuestros padres constituyentes, de nuestros founding fathers, tal y como se acredita en el título de otro de sus ensayos: El libro que democratizó España (2021). Un testimonio académico que acogió el mismísimo Torcuato Fernández Miranda, autor material de la Ley para la Reforma Política de 1977. Un compromiso que extendió a las aulas universitarias, donde sus alumnos nos conformábamos en diferentes grupos parlamentarios, estructurando un esquemático borrador de texto constitucional. No quiero dejar de referenciar otro de sus libros: El proceso electoral (1977), que se convirtió en manual de referencia en el contexto futuro que se avecinaba y que pasaba por la convocatoria de unos comicios libres, en junio de 1977, tras 40 años de dictadura. Un tiempo donde entró en contacto con el PSOE, participó en las discusiones doctrinales sobre la futura Constitución, aunque no sin discrepancias con otras personalidades como Herrero de Miñón, Peces-Barba, García de Enterría o Rubio Llorente.

Incluso redactó unas bases para un proyecto de Constitución por encargo del PSOE, el PNV y el equipo de DC (Democracia Cristiana) en 1976. Durante esa época asesoró también en la elaboración de los proyectos de las Leyes Orgánicas de Iniciativa Popular (1981), Régimen Electoral General (1980), Autonomía Universitaria (1981-1982) y Derecho a la Educación (1983). Realizó, asimismo, dictámenes críticos sobre la expropiación de Rumasa (1983), la LOAPA (1983) y la huelga general de 1988. Como dirigió, o participó en la evaluación, de más de 70 tesis doctorales.

Fue quien me animó a realizar mi tesis doctoral sobre una materia nada tratada en la doctrina española, la costumbre en Derecho Constitucional, cuyos capítulos le remitía para su lectura a la embajada de España en Roma. Una época especialmente grata para él (1983-1988), desde cuya atalaya colaboró en la firma del Tratado de Adhesión a Europa (1986) y propició el impulso internacional de la nueva democracia española. Como embajador de España fue quién depositó el Instrumento de Adhesión a las Comunidades Europeas en el Ministerio de AAEE de Italia en la capital romana. De su paso por la legación dejó una reseña en su Diario romano de un Embajador. Tras su salida de la embajada se reincorporó a sus clases en la universidad, al tiempo que participó en lugar destacado en la fundación del periódico EL MUNDO (1989) a las órdenes de su director, Pedro J. Ramírez. Junto a éste y su querido amigo desde el Instituto Ramiro de Maeztu, el profesor Enrique Gimbernat, un extraordinario penalista, forjaron su línea editorial. Sus artículos, de periodicidad quincenal, eran un aldabonazo. Así que no sorprendió que fuera nombrado Presidente de su Consejo Editorial (1982) y después Presidente de Unión Editorial (2005-2007). Una vocación periodística que había satisfecho antes en los periódicos Informaciones, Diario 16 y El País.

Tras su jubilación pasó sus últimos años haciendo lo que más le gustaba: sobre todo escribir. Yo tuve la fortuna de poder participar bajo su magisterio en su Curso de Derecho Constitucional en tres tomos, la obra en su momento más completa sobre la Constitución de 1978. Así como en una sistematizada recopilación de Normas Constitucionales. Siempre en la brecha y comprometido. Siempre decidido y firme. Con una obra científica gigantesca, en calidad y extensión, con más 35 libros, cientos de artículos académicos y miles de colaboraciones periodísticas.

Había estudiado en el Colegio Alemán (1943-1945) y en el Instituto Ramiro de Maeztu (1945-1955). Cursó Derecho (1955-1960) y Ciencias Políticas (1970) en la Universidad Complutense. Tras colaborar con el profesor Sánchez Agesta se desplazó a París, donde, bajo la tutela del profesor Maurice Duverger, realizó su tesis doctoral sobre La representación de intereses en Francia (1963-1966). Una tesis que alcanzó en la Universidad Complutense el Premio Extraordinario de Doctorado (1967). Obtuvo, entre otras, las Becas de la Fundación Juan March y Fullbright de Estados Unidos. Fue Visiting Scholar en las Universidades de Michigan (1974-1975), Berkeley (1976) y Harvard (1978-1979). A su vuelta a España ganaba la plaza de profesor adjunto, y después de agregado y catedrático en las Universidades de Salamanca y Complutense. En esta última fue asimismo vicedecano (1981 y 1982). Un departamento, el de Derecho Constitucional, del que fue director (1988-2005) y en el que le asistí unos años como secretario. Así como del Instituto de Derechos Humanos (1992). Ocupó la Subdirección del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (1980-1981), fue Vocal de la Junta Electoral Central (1979-1983) y Vicepresidente de la Asociación Española de Derecho Constitucional (1988-1996). Después de su jubilación reglamentaria siguió impartiendo clases como catedrático emérito en su Facultad (2008-2011).

El maestro De Esteban deja un elenco de notables discípulos: los profesores López Guerra, Varela, Espín Templado, García Morillo, Rodríguez Ibáñez, Pérez Tremps, Del Castillo, García Ruiz, García Fernández, Satrústegui, Calvo, Sánchez Navarro, García-Escudero, González Hernández y Ortega, entre otros. Siendo objeto de un justísimo Libro Homenaje con el título Constitución y Desarrollo Político (2012). Conocí a sus hermanos, especialmente a Alfonso, prestigioso catedrático de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos, y sobrinos. Poseo un sinfín de anécdotas de estos 45 años. Voy a reseñar dos. Una, la Presidencia de una Comisión que actualizó los Estatutos del Real Madrid (2007-2008), de cuyo equipo era seguidor, asistiendo al palco del Estadio Santiago Bernabéu con cierta frecuencia. Y, otra, hace unos meses, al hilo de una conversación telefónica, cuando me preguntó por mi experiencia como Magistrado y Presidente del Tribunal Constitucional, refiriéndome lo siguiente: “Estos puestos ya sabes cómo son. Siempre complicados y desagradecidos. Pero hiciste lo que tenías que hacer. Acertaste”. Para acto seguido apostillar: “Se ve que tuviste un buen maestro”. Descanse en paz un gran jurista, un ejemplar universitario, un comprometido constitucionalista y un maestro sin igual. En fin, como en el personaje de Lord Jim, la novela de Joseph Conrad, el profesor Jorge de Esteban era “uno de los nuestros”.

Un maestro de generosidad y un talante conciliador; por Elisa de la Nuez, abogada del Estado y secretaria general de la Fundación Hay Derecho

El Mundo 15.05.24

Durante algunos años, no demasiados desgraciadamente, tuve la suerte de coincidir en el Consejo Editorial de EL MUNDO con Jorge de Esteban, que era su presidente y había sido fundador del periódico. No era solamente un sabio en el ámbito del Derecho Constitucional, era una persona de una gran cultura y de intereses muy variados. Tenía un talante conciliador -hoy quizá le tacharían de “equidistante”-, lo que se apreciaba en el entorno de un Consejo Editorial que reunía entonces a personas de muy distinta procedencia, formación, ideología y carácter. Allí se opinaba con total libertad y con mucho conocimiento, se respetaban, casi siempre, los turnos de palabra y se llegaba a consensos con relativamente poco esfuerzo.

Volviendo ahora la mirada hacia esos años me doy cuenta de hasta qué punto aquellas reuniones del Consejo Editorial eran extraordinarias, por lo mucho que se aprendía, por el respeto que reinaba entre los asistentes, aunque no siempre estuviéramos de acuerdo, y por la relevancia que los directores del periódico concedían a lo que allí se decidía. Coincidí con dos directores. La línea editorial del periódico era el resultado de unos debates en profundidad sobre la actualidad española e internacional, donde en numerosas ocasiones la postura inicial del director no era la que finalmente se imponía.

Todo esto era, sin duda, mérito en gran parte de su presidente. Conocíamos bien la enorme contribución de Jorge de Esteban a la construcción del Estado democrático de Derecho en España en general y del Derecho Constitucional español en particular, su gran implicación en la Transición española y su labor incansable como articulista.

Aun así, lo cierto es que en aquellas reuniones Jorge era un primus inter pares que ponía su enorme caudal de sabiduría teórica y práctica generosamente a disposición del periódico y de sus lectores.

Pero quizá lo más importante para los que coincidimos con él en aquel añorado Consejo Editorial fue la impresión de haber conocido a uno de esos grandes maestros que de vez en cuando nos regala la vida.

No tuve la oportunidad de tenerlo como profesor en la universidad, pero las lecciones de Derecho Político, democracia y, sobre todo, tolerancia y buen hacer que impartía en EL MUNDO fueron un auténtico privilegio que no deberíamos olvidar los que seguimos confiando que una España mejor es posible. Y que sólo depende de nosotros hacerla realidad.

Jorge de Esteban, un hombre de su tiempo; por Luis López Guerra, Catedrático de Derecho Constitucional

ABC 15.05.2024

Ha fallecido el profesor Jorge de Esteban, alguien a quien puede definirse justamente como un hombre de su tiempo, un intelectual ocupado en todo momento, y hasta su mismo final, en los asuntos más relevantes de la sociedad en que vivió, en sus aspectos políticos, jurídicos, culturales e históricos. Doctor en Derecho por La Sorbona y la Universidad Complutense, Catedrático de Derecho constitucional y Embajador de España en Roma, Jorge, a partir de su libro ‘Desarrollo Político y Constitución Española’, primera hoja de ruta, en fecha tan temprana como 1973, de una salida pacífica de la dictadura y del paso a un régimen constitucional, fue uno de los artífices intelectuales de la Transición a la democracia.

A partir de ese momento, y desde su cátedra, Jorge se fue configurando como maestro de varias generaciones de constitucionalistas, muchos de ellos además partícipes desde posiciones muy diversas, desde la cátedra hasta la judicatura, el Gobierno o el Parlamento, en el efectivo desarrollo constitucional que propugnó y defendió desde sus comienzos. Al tiempo, y junto con su labor universitaria, desarrolló en la prensa y en sus publicaciones académicas, una amplia tarea de análisis de la vida política y social española, siempre desde una perspectiva crítica y de radical independencia, voluntariamente ajeno, por personalidad y carácter, a toda sujeción partidista, en los más diversos e ideológicamente variados medios de comunicación. Su magisterio ha resultado para muchos de nosotros de dos características de sus trabajos y enseñanzas: por un lado una metodología cartesiana, herencia de su formación en La Sorbona, traducida en una prosa clara y directa no exenta de humor; y por otra, una capacidad de innovación e imaginación a veces difícil de encontrar en escritos políticos y jurídicos.

En sus libros y en sus artículos, el profesor De Esteban siempre concibió el Derecho constitucional como herramienta e instrumento vivo para defender, con ocasión de casos y episodios concretos, las libertades individuales y la expresión democrática de la voluntad popular, lejos de dogmatismos y formulismos vacíos. Más allá del Derecho y desde la perspectiva de su misión diplomática en Roma, sus libros ‘Asuntos Exteriores’ y ‘Diario Romano de un Embajador’ son no solo la viva expresión de su capacidad de observación y análisis, sino también una descripción de relevantes y destacados episodios de una fase decisiva en nuestra historia reciente.

Querido Jorge, desde el recuerdo de tus discípulos, que la tierra te sea leve.

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