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Robert Schuman, a los cincuenta años de su fallecimiento; por Marcelino Oreja Aguirre, Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

04/09/2013
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El día 4 de agosto de 2013, se ha publicado en el diario ABC, un artículo de Marcelino Oreja Aguirre, en el cual el autor rememora a Robert Schuman en el cincuentenario de su muerte.

ROBERT SCHUMAN, A LOS CINCUENTA AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

Vivimos años de desconcierto respecto a la Unión Europea. Son numerosas las críticas de los ciudadanos de los países miembros. También en España. Ha quedado lejos la época en que la entrada en el Mercado Común era un objetivo compartido por los españoles. He querido rememorar hoy a Robert Schuman en el cincuentenario de su muerte. Él fue, indiscutiblemente, uno de los pilares de la integración europea, concebida a mediados de los años cuarenta, en nombre de “nunca más la guerra entre nosotros”.

A mediados del siglo XX, gracias a la iniciativa de unos pocos y a la experiencia acumulada por las desgracias vividas, se abre un periodo nuevo, sin precedentes en la historia pasada, una etapa marcada en su origen por la esperanza y por el perdón, que no significa olvido, porque no se puede pensar en el futuro si no se tiene memoria. Y de la mano del perdón -como recordaba Hanna Arendt- la promesa de que las nuevas generaciones pudieran integrarse en una Comunidad europea que se ha desarrollado en constante progreso.

Uno de los arquitectos principales de aquel ideal fue Robert Schuman, quien junto a Jean Monnet, Alcide Ghasteri, Henri Spaak, Salvador de Madariaga, y otros muchos, fueron capaces de imaginar un proyecto con resultados tangibles gracias a la integración de las economías de los países que lo forman hasta llegar al mercado interior y la moneda única y al final del recorrido, la unión política.

Robert Schuman nació en Clausen (Luxemburgo), en el seno de una familia católica. Su padre era francés, de Lorena, y su madre luxemburguesa. Estudió en Luxemburgo y Metz, y Derecho en las Universidades de Bonn y Estrasburgo. En 1940 la Gestapo le arrestó en Metz, fue puesto en libertad vigilada y se fugó en 1942, ocultándose en varios conventos de religiosos. Al final de la guerra ocupó la cartera de Hacienda, de 1946 a 1947, en el gobierno Bidault; de 1947 a 1948, la presidencia del Consejo de Ministros, y de ahí pasó al Quai d’ Orsay, donde permaneció como ministro de Asuntos Exteriores en ocho gabinetes distintos hasta 1952.

A diferencia de Monnet que era rápido, imaginativo, con un gran don de gentes, Schuman era un hombre de intensa vida interior, católico ferviente, modesto, frugal, profundo, pero lento en sus determinaciones. La relación entre ellos nunca llegó a la intimidad porque su carácter era diferente, pero hubo confianza y coincidencia en el método y en el objetivo: la aproximación francoalemana en el marco de una Europa organizada.

Schuman transmitió enseguida a la opinión pública que el peligro principal de Europa estaba en el Este y que a Francia le interesaba apoyarse en la solidaridad del Occidente europeo y en particular en el antiguo adversario, Alemania. A finales del año 1948 propuso la creación de un pool de acero europeo en el que alemanes y franceses pudieran colaborar en igualdad de condiciones para lograr el control de la producción de acero en Europa.

En 1950 Schuman y Monnet coinciden en la necesidad de establecer unas bases comunes de desarrollo económico junto a Alemania, que acababa de elegir a Konrad Adenauer como Canciller de la República Federal y acordaron colocar el conjunto de la producción franco-alemana de acero y de carbón bajo una Alta Autoridad internacional abierta a los demás países de Europa. Con ello se abría en la muralla de las soberanías nacionales una brecha lo suficientemente angosta como para obtener el consenso y lo suficientemente profunda para impulsar a los Estados hacia la unidad necesaria para la paz. El 9 de mayo de 1950, Monnet y Schuman redactaron el texto que someten a Adenauer para constituir la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. En el contenido de su comunicación se menciona que el objetivo de la propuesta no era económico sino político. Adenauer lo aprobó plenamente.

Concluido el Consejo de Ministros francés, que acuerda el texto, Schuman, en el Salón del Reloj del Quai d’ Orsay, anuncia ante doscientos periodistas el proyecto aprobado. Esa misma tarde salió hacia Londres, donde había concertado una entrevista con el secretario norteamericano de Estado, Acheson y el secretario del Foreign Office, Bevin.

Unos días después, el gobierno de Londres publicó un comunicado en los siguientes términos: “Hemos recibido su memorándum. Si el gobierno francés pretende insistir en el compromiso de poner en común los recursos y crear una Alta Autoridad con poderes soberanos, el gobierno británico, sintiéndolo mucho, no podrá aceptar semejante invitación”.

El documento fue también dado a conocer a Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo que dieron su aprobación. Los seis países que acordaron el Plan Schuman se reunieron en una Conferencia Internacional tras la firma el 12 de abril de 1951 del Tratado, para lograr su ratificación por los parlamentos respectivos.

Era el final de un largo recorrido en el que el papel de Schuman fue preeminente.

La historia europea le había enseñado que el equilibrio de temores por el simple transcurso del tiempo no era suficiente para construir la paz. Para alcanzar la reconciliación era necesario poner en marcha acciones políticas creativas y generosas. Para Schuman la contribución de una Europa organizada y viva era indispensable para mantener unas relaciones pacíficas.

Schuman fue autor de un único libro: “Por Europa”. En él recuerda esa frase tantas veces citada: “Europa no se construirá de golpe y ni por una construcción levantada de una sola vez; se hará a través de realizaciones concretas, creando primero una solidaridad de hecho”.

Excelente mensaje para estos tiempos que corren en el que tantos desconfían de las instituciones europeas.

Hace más de sesenta años Robert Schuman y otros con él, pusieron en pie la más hermosa utopía del siglo XX. El camino ha sido largo, lleno de dificultades. Pero si perseguimos el objetivo y los métodos que nos enseñaron los padres fundadores, podremos lograr que el viejo sueño se convierta en realidad.

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