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EL DIOS UNIVERSAL Y LOS DERECHOS HUMANOS; por María José Fariñas Dulce, profesora titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid

25/10/2004
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Ayer, 25 de octubre, se publicó en el diario El País un artículo de María José Fariñas Dulce, en el cual, la autora afirma que los Derechos Humanos han de entenderse como fruto de diferentes luchas sociales y de plurales procesos históricos y no como la teoría universal. Transcribimos un resumen de dicho artículo.

EL DIOS UNIVERSAL Y LOS DERECHOS HUMANOS

Entiende la autora que la única fundamentación de los Derechos Humanos se encuentra en la racionalidad de los seres humanos: la razón es la última instancia. Ahora bien, considera que esta fundamentación racionalista de los Derechos Humanos acaba siendo una fundamentación metafísica, que presupone la existencia de individuos libres y propietarios de su propio ser, con derechos naturales anteriores a toda acción social y política.

Entiende que la filosofía de los Derechos Humanos ha pretendido siempre ejercer una hegemonía sobre todo el mundo e implantarse en todo tiempo y lugar y que el cristianismo ha tenido siempre también pretensión de validez universal, al igual que el sistema económico capitalista y la estructura política racional del Estado moderno como Estado democrático.

En su opinión, esta pretensión de universalidad que comparten la religión cristiana, la filosofía universal de los Derechos Humanos, el conocimiento racional y el sistema económico de producción capitalista, no es más que un mito occidental o una ficción legitimadora que encierra una pretensión de dominación y de hegemonía mundial.

Nunca como ahora se ha insistido tanto en la necesidad de la universalidad de la teoría de los Derechos Humanos, aún partiendo del esfuerzo por comprender a culturas y religiones diferentes. La pretensión de universalidad, afirma, sigue siendo la tendencia más poderosa del mundo actual.

Se pregunta la autora si ésta ha de ser la mejor solución posible. Porque la naturaleza o razón humana universal no ha podido ser demostrada sino que la racionalidad se manifiesta de muchas maneras.

Considera que la cultura occidental hasta ahora no ha tenido otro camino que reducir todo a la unidad, a un patrón único dotado ideológicamente de validez universal y absoluta. Pero hasta ahora no ha funcionado mundialmente, sino que a provocado mucho sufrimiento humano.

En este contexto, María José Fariñas Dulce, se plantea la duda de cómo compaginar la pretensión de universalidad de los Derechos Humanos con la polifonía de las diferentes culturas y éticas religiosas del mundo, sin caer en un colonialismo intelectual.

No se trata sólo de tolerar una pluralidad de diversos sistemas religiosos o culturales bajo la síntesis del único sistema universal de los Derechos Humanos. Especialmente cuando este sistema se vincula con las reglas universales del mercado capitalista , donde los únicos derechos humanos defendibles son los “derechos del mercado” y no los derechos de los seres humanos concretos.

Porque otras éticas religiosas, continua la autora, son las que más distorsionan el funcionamiento absoluto y universal del mercado capitalista y los derechos a él vinculados, y las que más amenazan su estabilidad y desarrollo imperialista mundial. Esta es la razón por la que otras éticas religiosas son con frecuencia criminalizadas y pasan a ser consideradas enemigos a eliminar.

La teoría universal de los Derechos Humanos debería ser capaz de abrir vías críticas de diálogo y entendimiento, sin formular conclusiones definitivas. Para ello sería necesario reconocer que los Derechos Humanos no son previos a la acción social u política, ni son ideales dados de antemano al margen de los conflictos sociales porque esta postura filosófica nos llevaría a una actitud política y económica muy conservadora.

Es, según la autora, presuponer la existencia de una realidad de metafísica que no podemos modificar. Los Derechos Humanos han de entenderse como fruto de diferentes luchas sociales y de plurales procesos históricos, como resultado de una acción política y social, de un tiempo concreto y de una constante confrontación política de pluralidades y antagonismos.

Por su parte, la pluralidad de cosmovisiones religiosas o culturales ha de estar también abierta al diálogo y a la comunicación autocrítica.

Finaliza el artículo María José Fariñas Dulce afirmando que si la teoría de los Derechos Humanos se sigue planteando, al igual que el cristianismo, como la “teoría universal” o como la “religión absoluta”, esto impediría cualquier compatibilidad con otras posiciones éticas, religiosas o culturales.

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