Diario del Derecho. Edición de 18/09/2018
  • Diario del Derecho en formato RSS
  • ISSN 2254-1438
  • EDICIÓN DE 13/12/2013
 
 

El fetichismo constitucional; por José María Ruiz Soroa, abogado

13/12/2013
Compartir: 

El día 13 de diciembre de 2013, se ha publicado en el diario El País, un artículo de José María Ruiz Soroa, en el cual el autor opina que al introducir la Constitución en el debate partidista, el sistema político español ha dado un paso en el proceso de degeneración que lo aqueja desde hace bastante tiempo.

EL FETICHISMO CONSTITUCIONAL

Digámoslo desde el principio y sin rodeos: al introducir la Constitución en el debate partidista, el sistema político español ha dado un paso en el proceso de degeneración que lo aqueja desde hace bastante tiempo. Y no es un simple paso más, sino un paso de gigante.

Durante los últimos años el sistema político, caracterizado por un antagonismo partidista sobreactuado y cainita, había ido quemando en el altar de la pelea política casi todos los mecanismos e instituciones constitucionales: no quedaba prácticamente órgano institucional o mecanismo sistémico que no hubiera sido objeto de pelea, colonización y reparto por las partidas que asolan nuestra convivencia. Por eso, cuando ya no quedaba más madera para quemar en la hoguera de la confrontación por la confrontación, no ha habido más remedio que, imitando a Marx (Groucho), arrojar también a la hoguera a la Constitución misma. Porque eso es lo que ha hecho el PSOE al alzar la bandera partidaria y unilateral de la reforma constitucional, por mucho que no lo reconozca; convertir la Constitución vigente en el objeto directo de la lucha política cotidiana. Pasar de la política sobre las leyes a la política sobre la Constitución. Y todo porque necesitaba un lema de oposición urgente en tiempos de penuria ideológica.

El paso siguiente, inevitable en el proceso desencadenado, será el cuestionamiento directo de la Constitución vigente como marco de insuficiente democracia, en lo que los socialistas serán entusiásticamente apoyados por nacionalistas periféricos y extremosos de toda laya. Un futuro ciertamente preocupante que, curiosamente, no hace sino reproducir las querencias tradicionales de la política patria. Reformar una Carta Magna es normal, pero pensar que eso soluciona todo lleva a la inestabilidad

En efecto, el pasado de España muestra cómo la Constitución fungió casi siempre como auténtico fetiche político. Para superar los problemas que el proceso político cotidiano no era capaz de tratar eficazmente, la receta era siempre, o casi siempre, cambiar la Constitución, o cambiar de Constitución. Lo que la realidad cotidiana no producía (fuera ese algo de estabilidad, libertad, desarrollo o justicia), lo produciría por arte de magia la Constitución si se la cambiaba. Todo apunta a que estamos reingresando en la tradición del fetichismo y, consiguientemente, de la inestabilidad del sistema político.

No se equivoquen: modificar o reformar la Constitución para adecuarla a nuevos problemas es algo normal en un sistema político como lo demuestran muchos ejemplos de otros países. Pero descubrir un buen día, de la noche a la mañana, que la solución de los problemas (tanto los territoriales como los económicos) pasa por un cambio de la Constitución y, por ello, convertir ese cambio en el objeto directo de la pelea democrática partidaria, eso es algo peculiar del subdesarrollo político hispánico. Y en ello estamos de nuevo. Bienvenidos al pasado.

Todos los analistas coinciden en que el principal problema de nuestro sistema político lo constituyen los propios partidos políticos y su manera de colonizar las instituciones y la vida política toda, con la derivada de corrupción insultante que se exhibe. Y, sin embargo, esos mismos partidos han logrado instaurar en la opinión actual la idea de que el problema no son ellos y su comportamiento, sino la Constitución misma. Y exigen la apertura de un proceso de reforma “a lo que salga”, precisamente el tipo de proceso que una vez desencadenado resulta incontrolable y queda a merced del extremismo. La última vez que los socialistas se inventaron un proceso de reforma “a lo que salga”, el del Estatut, terminamos con los catalanes pidiendo la independencia. Es lo que tiene soltar a los tigres.

¿Por qué? Porque este tipo de procesos de reforma a ciegas excita y da cancha de juego a uno de los más sensibles mitos democráticos, el de la voluntad popular. En concreto, a la idea intuitiva e imparable de que gracias a la reescritura de las reglas constitucionales (¡solo con eso!) se produciría instantáneamente una democracia mejor y un mundo más justo. Si escribimos en la Constitución que nadie puede ser desahuciado de su vivienda, ni se le puede privar de suministro de energía, ni las pensiones pueden bajar, ni los funcionarios perder poder adquisitivo, y Cataluña debe acomodarse... Si escribimos en la Constitución no solo “lo que el Gobierno no puede decidir”, sino también “lo que no puede dejar de decidir” (en la bella fórmula de Ferrajoli), habremos acabado con la posibilidad de crisis económica, estaremos al abrigo de la contingencia y del mercado, los catalanes estarán cómodos... El triunfo de la voluntad y de la Constitución como su fetiche.

Lo intentamos en el pasado: “Los españoles tienen la obligación de ser justos y benéficos” (artículo 6 de la Constitución de Cádiz). Ahora lo intenta Nicolás Maduro en Venezuela. Pronto lo probaremos aquí de nuevo.

Comentarios

Escribir un comentario

Para poder opinar es necesario el registro. Si ya es usuario registrado, escriba su nombre de usuario y contraseña:

 

Si desea registrase en www.iustel.com y poder escribir un comentario, puede hacerlo a través el siguiente enlace: Registrarme en www.iustel.com.

  • Iustel no es responsable de los comentarios escritos por los usuarios.
  • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Revista El Cronista:

Revista El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho

Lo más leído:

  1. Tribunal Supremo: La Sala rectifica su doctrina y declara que no es necesario que el contrato de relevo sea indefinido y a tiempo completo cuando se celebran para cubrir jubilaciones parciales con reducción de jornada y salario superior al 75%
  2. Tribunal Supremo: No procede el reconocimiento de gran invalidez instado por un trabajador que antes de su alta en la SS ya necesitaba la ayuda de una tercera persona y cuya situación clínica se agravó con posterioridad
  3. Estudios y Comentarios: De másteres, doctorados y universidades; por Francisco Sosa Wagner, Catedrático de Derecho Administrativo
  4. Tribunal Supremo: No procede la acción de saneamiento por evicción motivada por la inclusión en el inventario de la herencia de los progenitores de los litigantes de una finca ganancial que fue vendida por el padre a uno de sus hijos
  5. Tribunal Supremo: Cuando se discute exclusivamente la inconstitucionalidad de las normas que dan cobertura a los actos tributarios de las entidades locales, no es necesario presentar recurso de reposición previo al recurso contencioso
  6. Estudios y Comentarios: La gramática sexuada; por Santiago Muñoz Machado, Catedrático de Derecho administrativo y Académico de Número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
  7. Actualidad: Delgado pide a los letrados de la Administración de Justicia "compromiso" con la modernización tecnológica
  8. Novedades Iustel: BAÑO FOS, José María: The dogmatic of article 101 TFEU and information exchanges, Iustel, 238 Páginas
  9. Actualidad: El Supremo confirma un año de prisión a un sargento que dijo a sus subordinados que sólo tenían "una neurona"
  10. Legislación: Asunción de las funciones en materia de protección de datos

Secciones:

Boletines Oficiales:

 

© PORTALDERECHO 2001-2018

Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI: abre una nueva ventana