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Entrevista en El Diario El Mundo

Santiago Muñoz Machado: “Estamos convirtiendo la Constitución en un texto cada vez más marginal”

23/01/2023
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Es director de la RAE. Un lugar en el centro de Madrid, pero fuera del ruido. Antes de acceder a la institución de la lengua española, este catedrático de Derecho Administrativo fue un divulgador formidable de la Constitución en varios libros y lideró la propuesta de reforma al frente de un grupo de expertos. Una iniciativa muy seria que despertó mucho interés, pero ha sido enviada por los partidos al cajón de trastos inútiles.

El Mundo 21.01.23

Pregunta.- Dirige usted desde hace cuatro años la Real Academia Española (RAE), que es de las pocas instituciones que no está en crisis. ¿Cuál es la fórmula?

Respuesta.- La academia como tal no está mirando a la política, quizá nuestro prestigio y nuestra autoridad es que mantenemos una actitud muy prudente. Estamos a lo nuestro. Volcados en el mundo panhispánico. Trabajamos la normativa del español y cuidamos de su unidad, sin perjuicio de la diversidad léxica y de acentos que aporta América. A veces no hay conciencia de la fuerza de esa unión. La Academia y la asociación de Academias de la Lengua Española son instituciones respetadísimas en todo el mundo hispano.

P.- ¿Habrá, por fin, Congreso de la Lengua en 2023?

R.- Sí, afortunadamente. En Cádiz, del 27 al 30 de marzo. Será un acontecimiento cultural de primer orden en el que se han volcado desde las academias hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ayuntamiento de Cádiz.

P.- O sea, que el debate político enconado desde estas cuatro paredes se escucha lejos.

R.- Desde aquí apreciamos que el debate político es realmente un debate electoral, los grupos políticos luchan por convencer a los ciudadanos de sus posiciones y exageran mucho.

P.- Lleva usted muchos años predicando en el desierto sobre la necesidad de una reforma constitucional y cada día parece más difícil.

R.- He sido partidario de reformar la Constitución por respeto a la Constitución. Empeñarse en no adaptarla es una mala práctica que castiga el prestigio y la vigencia del texto fundamental de nuestra convivencia. Las constituciones hay que irlas adaptando porque tienen insuficiencias de origen y sobrevenidas.

P.- ¿Qué fue de la detallada propuesta de reforma que presentó junto a una decena de catedráticos?

R.- El propósito que teníamos era bueno, pero la ejecución de esas ideas se ha convertido en imposible. No hay manera de llegar a los mínimos consensos necesarios para esa reforma. Lo lamento profundamente, pero no insistiré.

P.- ¿Cuáles son las consecuencias de la no reforma?

R.- La Constitución está padeciendo mucho porque la estamos convirtiendo en un texto cada vez más marginal. En aquel informe hablábamos de la necesidad de hacer ajustes en la organización del Estado que tiene defectos. Si no se hacen las reformas, lo que sucede es que la Constitución no es la norma superior, no es la que rige.

P.- ¿Qué rige entonces?

R.- Lo que se ha producido es una mutación constitucional, se ha variado sin reformarla, creando una jurisprudencia creativa que ha creado muchas normas que no son evidentes en la Constitución.

P.- ¿Por qué cree usted que es imposible la reforma?

R.- Los juristas hemos dicho ya todo lo que teníamos que decir. A nosotros nos basta un fin de semana para ponernos de acuerdo en lo que hay que hacer. Chocamos contra un muro, que es el muro de la política. Las constituciones si no se aplican de verdad acaban convirtiéndose en textos muertos. Presumimos de la longevidad de esta Constitución. Para longeva, la de 1876, que duró hasta 1931. ¿Por qué duró tanto? Porque no se aplicaba. Los partidos políticos hacían las leyes que les convenían sin tener en cuenta el texto. Así podría durar toda la eternidad.

P.- ¿El diseño de las autonomías fue un fallo de los constituyentes?

R.- La descentralización era inevitable. Este país era muy centralista. No teníamos ninguna experiencia histórica. Las repúblicas fueron una catástrofe. Tuvimos la oportunidad de construirlo de otra manera. Cataluña y el País Vasco, por un lado; y el resto, con una descentralización administrativa, el llamado café para todos, lo hizo irreversible. Ahora ninguna comunidad acepta menos de lo que se le dé a Cataluña y País Vasco. El Cupo se acepta porque si lo extendemos al resto, arruinamos al Estado. Ese privilegio no es extensible porque el precio es España. Y nadie quiere pagar ese precio.

P.- Decía usted antes que los políticos exageran mucho. ¿Exageran respecto a la crisis de las instituciones?

R.- Hay mucha crítica debido a razones electorales. Creo que las instituciones son más fuertes que los políticos. No hay que suponer que cualquier manipulación política suponga la destrucción de la institución. Supone un quebranto de su credibilidad. Ha ocurrido con el Consejo General del Poder Judicial y con el Tribunal Constitucional, pero la institución está ahí. Como un tentempié. Le dan grandes empujones, pero no la derriban.

P.- ¿Cree que el Estado es fuerte para resistir estas crisis?

R.- Mientras esté en pie la Corona, la Administración Pública y la Justicia, el Estado estará en buenas manos. Es muy cierto lo que decía Tocqueville, la Constitución administrativa siempre se mantiene en pie por encima de las ruinas de las constituciones políticas. La administración siempre sigue funcionando, como un pollo al que le cortan la cabeza que sigue andando.

P.- ¿La Justicia funciona bien?

R.- La Justicia la integran más de 5.000 jueces que ponen sentencias todos los días. En España la Justicia no es corrupta. Aquí no se consigue una sentencia dándole una dádiva a un juez y los jueces resuelven según su criterio.

P.- ¿Qué opina de los choques de poderes que se han producido en los últimos meses?

R.- Es el funcionamiento normal del Estado. Algunos hablan de desjudicializar la política. La política no se puede desjudicializar. En un Estado de derecho todo debe estar sometido a la ley. No hay ninguna decisión que pueda estar exenta del control judicial. Y todos los órganos están sometidos al garante de la Constitución. El legislador está sometido a la Constitución.

P.- El procés ha sido la mayor crisis de Estado y ahora vuelve a la actualidad. ¿Qué balance se puede hacer de la actuación de las instituciones en la cuestión catalana?

R.- El procés puso a prueba al Estado y el Estado funcionó. Ha funcionado el Poder Ejecutivo y el Judicial. España le debe al Poder Judicial las intervenciones cruciales en el caso del procés, como también de la pandemia. Dos ocasiones en las que se ha dicho a los jueces: arréglenme esto. Es verdad que, a pesar de todo, hay una persistencia del nacionalismo separatista. No se le ha hecho mucha mella. Mantienen su tozudez y el empeño para un referéndum de autodeterminación, sí o sí. Y no manejan soluciones alternativas.

P.- ¿Es posible un referéndum de estas características en España?

R.- Es imposible. Hay que reformar la Constitución para poderlo hacer. La Constitución no permite un referéndum y mucho menos la separación de un territorio. Incluso soy de los que opinan que ni siquiera reformando la Constitución. Es absurdo pensar que el Estado decida fragmentarse. Eso forma parte del poder constituyente, no del poder constituido. Corresponde decidirlo al pueblo español en su conjunto. Aunque sea en el ámbito de una reforma constitucional, lo tendríamos que aprobar todos en votación.

P.- Decía usted antes que la Corona es fundamental para la fortaleza del Estado. ¿La Monarquía está fuerte después de todos los escándalos que le han afectado y de la marcha del Rey Juan Carlos?

R.- La Monarquía española está fuertemente asentada. Una modificación para cambiar la forma de Estado el pueblo hoy en día no la aceptaría. Afortunadamente, porque es bueno tener un Jefe de Estado que represente a la nación de modo estable. Hace falta mucha ingenuidad para creer que en España es posible una república. Precisamente esta semana los Reyes presidieron el Pleno de la RAE. La significación de los Reyes en esta casa, al menos, una vez al año es resaltar la importancia del trabajo en defensa del bien cultural más importante que tenemos en todo el mundo de habla hispana, que es la lengua.

P.- Se aprecia ahora una cierta nostalgia de la Transición. ¿Era mejor entonces la política o es que sólo recordamos lo mejor de aquella época?

R.- Los ciudadanos y los políticos estaban más hermanados, aunque hay que recordar cómo se criticó la llegada de Adolfo Suárez y después de lo que se llamó el Gobierno de penenes de Felipe González. Es una época irrepetible. Ahora vivimos una etapa en la que los extremos aprietan mucho y se hacen ver demasiado. La generalidad de los ciudadanos se sitúa en un centro amplio y agradecen que se recuerde cómo nació la democracia después de una dictadura muy larga. Ha costado mucho sufrimiento llegar hasta aquí y, cuando surge un cierto temor a que eso pueda ser destruido, hay una reacción favorable a lo que significó aquella época.

P.- Las democracias liberales están en crisis en todo el mundo. Después del asalto al Capitolio y a las instituciones brasileñas ha habido voces alertando de que eso podría pasar en España. ¿Qué opina?

R.- España no tiene que temer una cosa así de momento. Ese tipo de fenómenos se ven por televisión y puede haber políticos que traten de arrastrar a las masas a manifestaciones populistas de ese tipo. El problema de la sustitución de las democracias liberales por otra cosa se está analizando mucho. He seguido con mucho interés la propuesta de nueva Constitución en Chile. Sentí el mismo alivio que los chilenos cuando dijeron que no.

P.- ¿Por qué?

R.- Hay un movimiento para crear estructuras constitucionales nuevas como experimentos pero, claro, los experimentos se hacen con gaseosa. Desde México a Perú, ya hay siete constituciones que rechazan la herencia constitucional liberal. La separación de poderes, por ejemplo, no les va bien. Y surgen los particularismos indígenas. Reivindican la costumbre por encima de la ley y el particularismo por encima de la generalidad. Los tribunales se han tenido que enfrentar a casos como el de algunas comunidades indígenas que cuando nacen mellizos creen que dan mala suerte y los abandonan en la selva. En la Academia de Ciencias Morales comentamos que esos particularismos se extienden por todos los países. Lo que inventó la Revolución Francesa fue que todos somos libres e iguales, y que la ley debe ser general y abstracta. No puede haber leyes para casos concretos.

P.- ¿Cree que el Tribunal Constitucional podrá recuperar su prestigio?

R.- No me cabe la menor duda. Ese tribunal tiene mucha autoridad por razón del poder que la Constitución le atribuye. Con esa autoridad, es imposible que no se restablezca el prestigio. Hasta el último de esa compañía es un buen jurista. No he visto a ningún juez que, teniendo la ideología que tenga, deje pasar una ley manifiestamente inconstitucional.

P.- ¿Cómo analiza el tono desabrido que se usa en el Parlamento español?

R.- La Cámara está mal, peor que antes, desde el punto de vista de la capacidad dialéctica y de la necesidad que tienen algunos de recurrir a fórmulas poco corteses y completamente innecesarias. Lo cual demuestra una cierta incapacidad de encontrar los argumentos idóneos.

P.- ¿Cuál es el peligro para la democracia de que los ciudadanos pierdan el respeto y la consideración hacia las instituciones?

R.- Hablamos mucho de que las instituciones se ven flaquear golpeadas por los políticos, inconscientes a la hora de agredirlas. Pero se habla menos de la sociedad civil. Existe una sociedad que se puede visitar, compuesta por montañas de pequeños empresarios y profesionales solventes que cada día están más hastiados de la política en general. La España de la no política, del empleo, de la empresa, es una España que ayuda a que, por más que la zarandeen, seamos una nación que funciona, que crece y que es respetada fuera

BATALLA POLÍTICA

“Desde la Academia apreciamos que el debate político es realmente electoral. Los grupos políticos exageran mucho”

CARTA MAGNA

“Empeñarse en no adaptarla es una mala práctica que castiga el prestigio y la vigencia del texto fundamental”

ESTADO

“Mientras estén en pie la Corona, la Administración Pública y la Justicia, el Estado estará en buenas manos”

DESJUDICIALIZACIÓN

“La política no se puede desjudicializar. En un Estado de derecho todo debe estar sometido a la ley”

CRISIS INSTITUCIONAL

“Hay mucha crítica debido a razones electorales. Las instituciones son más fuertes que los políticos”

JUECES

“En España la Justicia no es corrupta. Aquí no se consigue una sentencia dándole una dádiva a un juez”

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

“Cualquier manipulación política no supone la destrucción de las instituciones, sino un quebranto de su credibilidad”

MONARQUÍA

“Está fuertemente asentada. Hace falta mucha ingenuidad para creer que en España es posible una república”

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