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Independentismo y medio ambiente; por Antonio Vercher Noguera, fiscal de Sala Coordinador de Medio Ambiente y Urbanismo

28/03/2018
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El día 28 de marzo de 2018, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Antonio Vercher Noguera, en el cual el autor considera que es fácilmente verificable el hecho de que medio ambiente casa muy mal con las ideas separatistas por las que tan enconadamente se está debatiendo en Cataluña.

INDEPENDENTISMO Y MEDIO AMBIENTE

Hoy en día hablamos, en general, de cambio climático y de medio ambiente como objetivos a perseguir para cualquier partido político. Son dos aspectos que se incluyen en sus programas electorales, incluso a veces con gran detalle. Prescindiré de efectuar innecesarios asertos sobre estos temas, habida cuenta su difusión y, al menos teóricamente, general conocimiento, así como por el hecho de que están a diario en el debate público y en la prensa nacional e internacional. Salvo extrañamente en el debate político catalán.

A lo largo de las noticias publicadas estos últimos meses en relación al problema catalán se ha hablado de presupuestos económicos, educación, fuerzas armadas, órganos policiales, constituciones, etc.. Poco o, mejor dicho, nada, se viene mencionando, sin embargo, sobre medio ambiente por los partidos independentistas en todo este prolijo debate. Contrariamente a la actitud mostrada al respecto por los partidos no independentistas. Cristina Narbona, la presidenta del PSOE, reconocía, por ejemplo, en una entrevista reciente que la sostenibilidad ecológica era un punto esencial del ideario político de su partido, ligado, por lo demás, al principio de solidaridad. Creo que esa ausencia merece algunas reflexiones al respecto.

No es que el medio ambiente no sea importante en Cataluña, que sin duda lo es. Hay, lógicamente, normativa autonómica catalana en la materia. Tanto la Administración, como los jueces y los fiscales están activos en el tema. Existen, además, secciones especializadas de los Mossos, así como agentes rurales, lidiando con lo ambiental en Cataluña y por los que, dicho sea de paso, siento un profundo respeto y admiración. Recuerdo incluso una dura, amén de comprensible, reacción por parte de estos últimos cuando hace algunos años se les intentó limitar las competencias por parte del Govern para que no se investigara a un alto cargo en un caso de corrupción urbanística. Tema en el que, lógicamente y por razones comprensibles, acabó interviniendo la institución que represento.

Pues bien, dicho esto, reconozco que llevo reflexionando mucho estos días, como testigo de todo este debate, especialmente importante para mí dada mi condición de catalano-hablante. Eso sí, en su versión valenciana. Y reflexionaba, sobre todo, intentando descubrir las razones determinantes de que el medio ambiente haya estado ausente del procés en general.

Puede que esté equivocado, y no lo descarto, en el sentido de que el independentismo catalán está extraordinariamente preocupado por el medio ambiente y que su protección está prevista en sus programas. Sin embargo, me resulta llamativo y me cuesta comprender cómo se puede encajar ese esencial toque de solidaridad, de unión, de cooperación y de eliminación de fronteras que el medio ambiente implica, con el ideario independentista. Lo mismo cabría decir, por afinidad, respecto a cualquier nacionalismo acérrimo o fanático.

Es cierto que los programas políticos son muy sufridos, pero una cosa es incluir un tema a defender en un programa y otra, muy distinta, defenderlo en la práctica. Sin duda es fácilmente verificable el hecho de que medio ambiente casa muy mal con las ideas separatistas por las que tan enconadamente se está debatiendo en Cataluña.

El tan traído y llevado planteamiento de que la contaminación no conoce fronteras es precisamente la antítesis de lo que ese sector político en Cataluña pretende imponer. Cuando en círculos ambientales se dice que la clave está en actuar localmente y, a su vez, pensar globalmente, lo que se está poniendo de manifiesto es que cuando hacemos algo a nivel local, debemos tener un ojo abierto al resto del mundo de manera que nuestra acción no repercuta negativamente en ningún otro lugar, rechazando con ello toda suerte de barreras.

Pero, corolarios ambientalistas al margen, si por algo se caracteriza la normativa ambiental europea es por poner de relieve precisamente eso: que no debe haber fronteras en lo que al medio ambiente se refiere y dentro, de similares contextos ambientales, indiscutibles, por lo demás, entre Cataluña y el resto de España. Las directivas de aguas dejan claro que la gestión de las mismas trasciende las fronteras de los Estados miembros, las de aves migratorias y hábitats parten del mismo presupuesto, etc. Iguales perspectivas se desprenden de los tratados ambientales internacionales al uso. Estoy bromeando pero, aun habiendo muchas especies que son eminentemente territoriales, afortunadamente las mismas desconocen lo que es el nacionalismo. De lo contrario, y hablando de processos, el procés de desaparición de muchas de ellas hubiera sido infinitamente más rápido.

En esa misma línea, se entiende que uno de los fondos europeos destinados a conservar el medio ambiente se denomine, precisamente, Fondo de Cohesión. Se trata de un instrumento creado a la par que se estaba elaborando la Directiva de Hábitats 92/43/CEE, con la finalidad de permitir la aplicación de la misma para la protección de los hábitats en la Unión Europea, proporcionando las correspondientes compensaciones económicas al respecto. Se pretendía compaginar el desarrollo económico con la protección del medio ambiente en toda Europa eliminando las diferencias que se pudieran producir entre países más y menos desarrollados por la protección de los habitats. Es decir, uniendo que no separando. Son sólo unos pocos ejemplos, aunque hay muchísimos más.

Huelga señalar, a mayor abundamiento, que España es uno de los países que más se ha aprovechado de los susodichos fondos y esa perspectiva centrífuga que ahora se perfila está totalmente descontextualizada, frente a lo que debiera ser una fuerza centrípeta de acercamiento de todos los países dentro de Europa y, por ende, de todos los pueblos dentro de cada país.

Sigo sin saber las razones de ese olvido, que desconozco si es intencionado o no intencionado. Puestos a especular, y contrariamente a lo dicho, igual es que el medio ambiente no les importa un rábano, lo cual no es descartable. No se me escapa, e insisto, lo antitéticos que resultan, al menos en el presente contexto, el medio ambiente y el independentismo y quizás ahí esté la clave.

En cualquier caso, no se comprende semejante miopía, considerando el fin último que se persigue con la defensa del medio, que no es otro que la supervivencia del ser humano. Lo peor de todo es que no hay lentes, gafas, quevedos, ni antiparras disponibles que permitan corregir esa miopía, sobre todo considerando los presupuestos de los que parte el independentismo radical. Pura cuestión de deseos o de intenciones. Afortunadamente los deseos y las intenciones pueden cambiar. Habrá que ver.

Comentarios - 1 Escribir comentario

#1

Los independentistas siempre remiten la solución de los problemas sociales a una fecha posterior a la independencia. Con ella, aseguran, se solucionaran mágicamente todos los temas pendientes: paro, desigualdades, listas de espera sanitarias, etc. Supongo que para el medio ambiente aplicarán el mismo criterio.

Escrito el 28/03/2018 12:49:39 por enante Responder Es ofensivo Me gusta (0)

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