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Premio Pelayo para Juristas de Reconocido Prestigio

Araceli Mangas Martín, galardonada con el XXVII Premio Pelayo para Juristas de Reconocido Prestigio

26/11/2021
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El Presidente del Senado, D. Ander Gil García, ha hecho entrega a Dña. Araceli Mangas Martín, del galardón del XXVII Premio Pelayo para Juristas de Reconocido Prestigio. La semblanza de la galardonada la ha efectuado Dña. Encarnación Roca Trías, Vicepresidenta emérita del Tribunal Constitucional.

Han participado desde la Mesa Presidencial: el Presidente del Senado; el Presidente del Tribunal Constitucional; el Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial; el Jefe de la Oposición; la Delegada del Gobierno en la Comunidad Autónoma de Madrid; el Alcalde de Madrid; la Presidenta del Tribunal de Cuentas, el Presidente del Jurado y Presidente de Honor de Garrigues Abogados; y el Presidente de Pelayo. Esta 27 edición ha contado con la Presidencia de Honor de S.M. el Rey.

En esta ocasión asistieron más de 500 personas al acto de entrega, entre las que figuró el Jurado en pleno y una nutrida representación de las personalidades políticas, jurídicas y empresariales, destacando a ilustres juristas del Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado, Fiscalía, Audiencias, Parlamentarios, Rectores de Universidad, Letrados y Procuradores de los más prestigiosos despachos, máximos representantes de la Universidad, de la política, así como de la sociedad y del mundo empresarial.

El Premio Pelayo, que alcanza así su Vigésimo Séptima Edición, está dotado con 30.000 € (que goza de exención fiscal) y una estatuilla conmemorativa. Entre sus premiados cuenta con una relevante representación del mundo jurídico sobre los que se puede ampliar información a través del siguiente link de la página web del Premio Pelayo https://www.grupopelayo.com/compromiso-social/premio-pelayo.

Dña. Araceli Mangas Martín, en su discurso como galardonada, quiso dejar patente su pasión por la docencia y el Derecho Internacional Humanitario, poniendo en valor la importancia del conocimiento en las aulas y la reflexión fuera de estas, destacando su fascinación por la integración europea como base de una sociedad nueva unida por los valores democráticos siendo “la UE una garantía real del respeto de la impermeabilidad de los jueces frente a los intereses políticos”.

Por su parte, Dña. Encarnación Roca Trías, miembro del Jurado y Vicepresidenta emérita del Tribunal Constitucional, realizó una emotiva semblanza de la galardonada destacando el importante desarrollo profesional que ha aportado a su paso por la universidad, desde el lado de la investigación y la docencia y los beneficios que estos se han proyectado para la sociedad especialmente en Derecho Europeo e Internacional.

Para finalizar D. Francisco Lara Martín, Presidente de Grupo Pelayo, convocó la XXVIII Edición del Premio Pelayo para Juristas de Reconocido Prestigio.

SEMBLANZA A CARGO DE DÑA. ENCARNACIÓN ROCA TRIAS

SALUDOS

Hoy es un gran día. Entregamos el XXVII Premio Pelayo, ese Premio que todos los buenos juristas esperan porque inexcusablemente, los meses de noviembre Mutua de Seguros Pelayo nos convoca para que seamos testigos de que una vez más se va a reconocer el prestigio de un jurista. Este año, además, es noticia y no debería serlo, que por tercera vez una mujer jurista, La Dra. Araceli Mangas Martín, ha sido distinguida con este Premio y como van a ver Uds., su prestigio es innegable.

El acierto en la creación de este Premio es indiscutible: los juristas debemos ser personas alejadas de los focos mediáticos. A veces he preguntado a personas cultas si conocían el nombre de un jurista en su calidad de tal, no como político. Muy raramente he recibido una respuesta; algunos lo confunden con algún filósofo y no andan errados porque una parte importante del pensamiento jurídico se ha construido a partir de la filosofía o ésta ha proporcionado las bases para las soluciones de los grandes problemas generales, como ocurre, por ejemplo, con la legitimidad del poder político para imponer leyes o con la necesidad de la independencia judicial. Pero no es esto a lo que quiero referirme: los juristas de a pie, los que trabajamos cada día en las Universidades, la judicatura, los despachos profesionales, los que poseemos el inmenso poder de interpretar las leyes y aplicarlas a las conductas de los ciudadanos, estamos escondidos detrás de quienes tienen el poder de decidir. Podemos asesorarles, pero nuestros consejos muchas veces caen en saco roto. A estos juristas ha ido dirigido desde el principio este Premio, que ha permitido que la sociedad les conozca y les reconozca. El Pelayo ha venido a sustituir las carencias de otros grandes premios, que solo ocasionalmente han pensado en reconocer el trabajo callado, utilísimo y definitivo de esas personas que han dedicado su vida a la interpretación de las leyes que nos rigen. Sea bienvenido el Premio al que deseamos una larga vida y que se prolongue por muchos años.

Y esta veintisieteava vez el Premio ha homenajeado a una persona que reúne en sí misma diversas cualidades: es una gran jurista; se dedica al Derecho internacional público, muy especialmente al derecho europeo, piedra de toque de nuestro sistema y en su concepción de lo que debe ser el derecho internacional público, es ferviente defensora de la aplicación de los derechos fundamentales.

Araceli Mangas Martín, es el momento en que haga público tu cv, no tanto para regalarte los oídos con la escucha de lo mucho y bueno que has llevado a cabo, sino para que sea público todo lo que has hecho para auxiliar a esta humanidad doliente, especialmente en una de tus especialidades, el llamado “Derecho humanitario”.

No voy a leer tu cv, aunque sí haré referencias al mismo. Como eres muy celosa de tu intimidad y los premios se conceden a las personas por su trabajo y no por actitudes personales o íntimas, voy a hacer pocas referencias a tu vida personal: sé que naciste en Ledesma, provincia de Salamanca, que eres una persona muy vinculada a tu familia; que vienes de una familia numerosa y cuidaste a tu madre hasta que falleció y que procuras ver a tus hermanos y hermanas siempre que puedes. Además sé que te gusta mucho viajar, hasta el punto de que tus viajes exóticos se consideran "legendarios" y que te has “paseado casi por los cinco continentes, buscando siempre el conocimiento de la cultura local”. Y tú me has comentado que la razón de estos viajes y la elección del destino se ha debido a un hecho que tiene mucho que ver con la elección de tus temas de investigación: que en todos ha habido o hay una guerra civil. Me ha resultado emocionante saberlo. Derecho humanitario, guerra civil y viaje “de placer”. Aunque eres una mujer pequeña, se te puede aplicar aquello que decimos los catalanes “en el bote pequeño está la buena confitura”.

Tus raíces y vinculación a Salamanca han sido objeto de diversos reconocimientos: desde Ledesma, tu pueblo natal y del que te sientes muy orgullosa, hasta lógicamente la Universidad, donde estudiaste la Licenciatura y, después de un primer paso por la Complutense, has sido catedrática durante 25 años Aunque después has vuelto a la Complutense, donde ahora ejerces. Al margen de mantener tu vinculación con la "escuela" que dejaste en Salamanca, eres socia de honor de Alumni USAL y colaboras con ellos siempre que te lo piden. Ello te ha merecido diversos reconocimientos como el título de Salmantina de honor y Ledesmina del año. Así como la Cruz de honor de San Raimundo de Peñafort, el título de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de España y el de Mujer europea del Año 1992 en España.

Y todo ello, ¿a qué se debe? Permíteme que haga un resumen de tus grandes líneas de investigación, porque tu trabajo en ellas, es lo que ha llevado al reconocimiento que otros ya te han otorgado y que se culmina por ahora, con el Premio Pelayo.

Los dos grandes aspectos en los que has trabajado son el Derecho europeo, desde los ya bastante lejanos tiempos del Derecho comunitario, y el Derecho Humanitario, materia absolutamente propia de una internacionalista que, además, sirve para identificar un concepto moderno del Derecho internacional público, al que tampoco es que estemos muy habituados. Empiezo, pues.

1º DERECHO EUROPEO: en el inicio de la vocación universitaria.

Muñoz Machado en la contestación al discurso de entrada en la Academia de Ciencias Morales pronunciado por Araceli Mangas, señala que los estudios de Derecho comunitario fueron los que marcaron las primeras ocupaciones de Araceli. En 1977-78 fue investigadora en el Instituto de Estudios europeos de la Universidad libre de Bruselas y leyó su tesis doctoral sobre el “Comité de representantes permanentes de las Comunidades europeas”, que publicó el Centro de estudios políticos y constitucionales en 1980. Y añade Santiago Muñoz Machado que “ese año quedó presentada en el escenario del Derecho internacional, una estudiosa cuya obra se convertiría enseguida en referente de rigor y calidad”.

Efectivamente, los problemas que ha estudiado Araceli Mangas en su ya larga trayectoria jurídica son importantísimos y se refieren al meollo de los problemas que se plantean en el ámbito de las relaciones entre la antigua CEE, ahora UE y los Estados miembros y los problemas de las relaciones de los Estados miembros entre ellos. En su obra destaca toda la problemática de la no nacida Constitución europea, que ocupa un buen número de trabajos en el momento en que se discutió la cuestión; la protección de los Derechos fundamentales en la UE y muy especialmente el papel del Tribunal de Justicia de la UE en la realización de los derechos económicos y sociales; los efectos del Brexit, la soberanía europea y toda la problemática de la separación de partes de un Estado miembro. Todo ello está contenido en trabajos publicados en revistas de alto nivel, que no deben hacer olvidar su obra de referencia, las Instituciones y Derecho de la UE, de la que es coautora con Liñán Nogueras, que ha llegado a su décima edición en el año 2020 y que en realidad es la continuadora de su primera obra Derecho Comunitario europeo y Derecho español.

Pero no podemos restringir el conocimiento de la obra de Araceli Mangas al limitado ámbito universitario. Araceli es también una divulgadora de altísima calidad, porque muchos ciudadanos no especializados en los temas que trata conocemos sus opiniones a través de sus colaboraciones en la prensa. Y concretamente, la cuestión europea ha sido objeto de algunos artículos muy interesantes como “El futuro de la soberanía europea” (2021), “¿Y si la UE dejara de existir?”(2019) y otros igualmente interesantes. Pero es que además, no solo usa la prensa para divulgar su conocimiento científico (¿por qué somos tan reacios a usar unos medios distintos a los cerrados medios académicos?) Araceli tiene un blog, donde va introduciendo ambas actividades: la académica y la divulgadora. Pocos profesores lo tienen, pero quienes lo tienen, cumplen un servicio con la sociedad digno de encomio.

Su actividad relacionada con el Derecho europeo ha sido reconocida ampliamente: desde la concesión del Primer Centro europeo de Excelencia Jean Monet y la Cátedra Jean Monet de Derecho comunitario, hasta su reconocimiento como mujer europea en 1992 y miembro del Comité de sabios de la Comisión europea para asesorar la reforma del Tratado de Maastricht, pasando por la dirección de la Revista española de Derecho europeo y la pertenencia al Consejo científico de la Academia de Derecho europeo de Trier. Y muchas otras actividades que debo dejar en el tintero, no por menos importantes, sino para evitar alargarme mucho.

De aquí, una primera conclusión: el premio va esta vez a una experta en Derecho europeo, eso que nos parece exótico y lejano, como si España no fuese un miembro de la UE y casi el 80% del derecho aplicable en nuestro país no fuera derecho europeo. Gracias por ocuparte de ello, Araceli.

2º EL DERECHO INTERNACIONAL. El humanitarismo y los Derechos fundamentales.

Hace un tiempo leí una obra muy interesante relativa a la creación de los conceptos de crímenes contra la humanidad y el genocidio que se aplicaron en los juicios de Núremberg, Calle Este-Oeste. El autor, Philip Sands, reconoce el trabajo de dos juristas, Lauterpacht y Lemkin, absolutamente desconocidos por nosotros, en la línea en la que me he manifestado antes, en la elaboración de unos conceptos, que permitieron condenas por unos delitos que hasta aquel momento no habían existido.

Enlazando con ello, hay que reconocer que la doctrina que expresa Araceli Mangas sobre la naturaleza actual del Derecho Internacional resulta por una parte, atractiva por su optimismo y, por otra parte, sugerente en relación con las maneras de evitar la guerra y fomentar la paz, partiendo de la creación y el funcionamiento de las Naciones Unidas y, sobre todo, de la Declaración de Derechos Humanos de 1948. Mangas señala que el Derecho internacional es un nuevo derecho social en el que “se traban valores viejos y nuevos: las viejas ansias de respeto a la soberanía e independencia, y las nuevas exigencias de paz, con libertad y solidaridad, fundada en el respeto a los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho y se sirve del sistema internacional institucionalizado para la definición de intereses comunes y la gestión unitaria e imparcial de los nuevos bienes públicos internacionales”. De modo que “nunca el ser humano ha sido objeto de tanto interés y protección en el Derecho internacional” y así “hay que hacer un esfuerzo conjunto para hacer compatibles las diferencias existentes entre las diversas culturas con un concepto universalmente aceptado de la libertad y la dignidad humanas”. Según ella, el Derecho internacional parte de la base de que existe una sola civilización con muchas culturas, frase especialmente notable para caracterizar un viejo concepto.

Esta forma de entender el Derecho Internacional público impregna su discurso de recepción en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas cuyo título es significativo: “Humanización, Democracia y Estado de Derecho en el Ordenamiento internacional”, leído en 2014, que podría considerarse a la vez la culminación de trabajos anteriores y el punto de partida de algunos posteriores sobre Derechos humanos en la UE, además de formar parte de trabajos colaboraciones en forma de dictámenes e informes técnicos relativos a estas materias. Pero sobre todo, humanos: el jurista debe utilizar el derecho para permitir que las personas posean aquello que como tales, les es debido: ius suum quique tribuere, decía el Digesto. Cuando estamos frente a guerras, frente a la utilización de las personas con la finalidad de obtener resultados en políticas perversas, el derecho debe reaccionar, tomando las decisiones adecuadas, no paternalísticamente, actuando justamente. Esta es, sobre todo, la función de los derechos fundamentales que Araceli Mangas impulsa por medio de la interpretación que está llevando a cabo en sus planteamientos del Derecho humanitario.

CONSIDERACIÓN FINAL

Todo este trabajo, las ideas y las novedades que has reflejado en tu actividad investigadora y docente han sido el producto de tu condición de profesora universitaria. Has formado parte y sigues en ello, de las instituciones de evaluación de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad investigadora (CNEAI), has evaluado proyectos de investigación en la ANEP, eres miembro de la Comisión de Economía, Ciencias jurídicas y sociales de la Fundación BBVA. Es decir, la Universidad por delante. Y la Universidad pública, con dedicación exclusiva, aquel ya viejo invento de Villar Palasí que en su día propició que los buenos pudieran quedarse en la Universidad, sin necesidad de compartir su dedicación con otras actividades necesarias para llegar a fin de mes. Y eso debe ser así porque de los 27 premiados con el Premio Pelayo, 17 han sido catedráticos de Universidad, en universidades públicas y si bien han compartido muchos de ellos en su natural evolución, otras actividades, estas se han beneficiado de los conocimientos adquiridos en los años dorados de su formación pre y post doctoral. Y como puede comprobarse en la actual premiada Araceli Mangas, el saber que se ha generado en las tareas universitarias no es estéril, no es simplemente teórico, no ha servido solo para el placer personal de quien ha invertido en su formación mediante la inversión de dinero público en las universidades: se ha proyectado en beneficio de la sociedad. Aunque no sea tan obvio para los que, sin tener mucha idea de lo que hacen los profesores, opinan sobre la inutilidad del saber teórico.

Querida Araceli: gracias por ser como eres. Y enhorabuena en nombre de todos los que estamos aquí.

DISCURSO PREMIO PELAYO 25.XI.2021, ARACELI MANGAS MARTÍN

Excmo. Sr. Presidente del Senado,

Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Constitucional,

Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial,

Excmo. Sr. Jefe de la Oposición,

Excma. Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid

Excmo. Sr. Alcalde de Madrid,

Excma. Sra. Presidenta del Tribunal de Cuentas,

Excmo. Sr. Presidente del Jurado

Excmo. Sr. Presidente de Pelayo Mutua de Seguros

Autoridades del Estado,

Señoras y señores, amigas y amigas

Podrán comprender que en un acto como éste no sea fácil encerrar en palabras los sentimientos de gratitud.

Gracias, muchas gracias a los distinguidos miembros de Jurado y a su Presidente, Antonio Garrigues Walker, por su generosidad y confianza que asumo con compromiso y orgullo, consciente de la excelencia y pluralidad profesional que representa la composición del Jurado, y que solo por ello da prestigio y calidad única a este Premio.

Además de esa gratitud inestimable con el amplio Jurado, añado una deuda especial con la Vicepresidenta y Magistrada Emérita Encarna Roca, miembro del Jurado, por su cálida y amena laudatio.

También debo reconocimiento y gratitud a la institución que me propuso -la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas-, y más en concreto al impulsor de la iniciativa, su presidente Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.

Y naturalmente, a Pelayo Mutua de Seguros en la persona de su presidente D. Francisco Lara Martín, también del presidente saliente D. José Boada Bravo, por haber creado -¡se dice bien hace ya 27 años!- el más preciado galardón para significar a las mujeres y hombres del Derecho en España. Bueno, más a los hombres que a las mujeres, pues entre los veintisiete reconocidos hasta ahora solo estamos tres mujeres. No obstante, entre todos, -como reivindicaba hace dos siglos Concepción Arenal- seguiremos haciendo juntos el camino de la igualdad para “la [otra] mitad de los caminantes”.

Mi gratitud se extiende a la audiencia relevante que -desde varias salas- me acompañan junto a amistades y familia por el afecto que me demostráis todos con vuestra presencia.

Las distinciones y dignidades obligan a quienes las reciben, tanto a responder a la confianza y afecto de quienes las han propuesto y de los que las han otorgado, como a saber y poder estar a la altura de quienes con muchos más merecimientos los recibieron en ocasiones anteriores.

Hoy me siento especialmente honrada al poder recibir este Premio junto a grandes personalidades galardonadas; citaré entre los muchos premiados presentes, precisamente, a las dos mujeres juristas, María Emilia Casas y Encarna Roca, respectivamente Presidenta y Vicepresidenta eméritas del Tribunal Constitucional, que recibieron este Premio en 2006 y 2018, y también tengo presente al último gran jurista premiado en 2020, Tomás de la Quadra-Salcedo.

Y entre los galardonados que nos dejaron y con los que tuve relación siempre de admiración y afecto, recuerdo especialmente a Eduardo García de Enterría, Aurelio Menéndez, Joaquín Ruiz-Giménez, Gregorio Peces-Barba, Manuel Olivencia, Landelino Lavilla, y Manuel Díez de Velasco. Permítanme evocar de forma especial a Manuel Diez de Velasco, quien fue mi maestro, y obtuvo este galardón en 2005. Se distinguió como un renovador del derecho internacional, abandonando la mera perspectiva doctrinal e histórica para adentrarse en el moderno derecho internacional positivo. Su gran calidad humana llegaba a todos, en especial a sus alumnos y discípulos. Su pasión era tanto mostrar y compartir el conocimiento como ayudar a alcanzarlo. Es abrumadora la calidad de los 26 premiados anteriores; por ello, creo que estar aquí, hoy, recibiendo este Premio Pelayo no es tanto un acto de justicia como de gran generosidad del Jurado.

Se comprende bien que, por el prestigio tanto de sus jurados como de los galardonados, este Premio Pelayo haya sido, a su vez, recientemente premiado (23.09.2021) con la Cruz de Honor Institucional de la Orden Iberoamericana de Justicia.

Desde luego, ha sido una gran satisfacción esta distinción, una gran alegría para mi familia y amigos, si bien en esta noche de júbilo permítanme recordar con emoción a los más de 100.000 fallecidos (datos del INE) durante la pandemia Covid-19 y a sus familias, así como la angustia de nuestros compatriotas en la isla de La Palma por su desolación e impotencia ante la bravura del volcán.

En un acto como éste debo recordar también la deuda contraída con aquellos extraordinarios profesores de la Universidad de Salamanca que durante mis estudios de la Licenciatura en Derecho contribuyeron a mi formación y a actuar con rectitud: tuve la inmensa fortuna de ser alumna y aprender de Francisco Tomás y Valiente, Gloria Begué, Alberto Bercovitz, José Vida Soria o Antonio Pérez Luño Su ejemplo, su entrega al saber, a sus alumnos, a la sociedad de su tiempo, fue para mí el espejo en el que soñar mi ilusión por el Derecho.

Y ha sido un reconocimiento inesperado, pues este preciado galardón homenajea, como señalara Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón al recibirlo en 2007, a los “cultivadores de la práctica jurídica”. Sin embargo, yo no he ejercido la abogacía ni función jurisdiccional alguna, ni he desempeñado cargos políticos en la Administración... No obstante, siempre me he encontrado entre los seguidores del derecho positivo internacional, en el que la práctica diplomática, la convencional y la jurisdiccional son determinantes para cultivar un derecho vivido, un derecho en acción.

De ahí que como ius internacionalista y europeísta, y habida cuenta de que en las postrimerías de la dictadura se ansiaba la inserción de España en la vida internacional, me haya centrado, desde 1976 hasta ahora, en los grandes retos normativos de la acción exterior del Estado y de la vida internacional en cada momento vivido.

Mi especialización jurídica tenía muchas expectativas de poder ser útil a la sociedad y al Estado. Así, mi tesis doctoral en 1979 fue sobre el proceso de toma de decisiones europeo, y mi siguiente monografía se centró en el impacto que el Derecho de la integración iba a tener en el Derecho español, tanto estatal como autonómico.

Cultivar la perspectiva práctica fue muy útil para expresar mi opinión técnica en varios dictámenes sobre la inserción de España en el sistema occidental de defensa y seguridad (OTAN y UEO); me interesé por la aplicación del Derecho de la Conflictos Armados y el Derecho Internacional Humanitario en una treintena de conflictos armados internos; o por el Derecho aplicable a conflictos como la guerra del Golfo -la legal de 1991 y la ilegal de 2003-, y en las guerras de los Balcanes; también participé como Consejera en la posición de España en el asunto de Kosovo ante la Corte Internacional de Justicia; o en la defensa de intereses públicos y privados en diversos litigios ante el Tribunal de Justicia de la UE; y en asuntos relativos a Gibraltar, o el brexit, o sobre el respeto a la unidad nacional e integridad territorial, en un largo etcétera de trabajos sobre la práctica jurídica internacional.

Desde el inicio de mi especialización he sostenido que la universidad debe servir a la sociedad y al Estado devolviéndoles su esfuerzo económico en nuestra formación y acrecentándolo con la mirada constante en el interés público nacional, europeo y universal. Por ello, he tratado de seguir a los viejos maestros del Estudio Salmantino en la laboriosidad en el trabajo, liberalidad en la trasmisión del conocimiento y valor cívico.

Un buen trabajo docente e investigador tiene que conectar con las necesidades sociales de nuestro tiempo y poner ese conocimiento al servicio de las administraciones públicas y de la sociedad, compartiendo las preocupaciones y retos de quienes redactan los proyectos normativos, del legislador que los aprueba y de los operadores jurídicos que los interpretan y aplican.

También he creído y practicado que otra forma de conectar con la sociedad es llevar nuestro trabajo de reflexión fuera de las aulas universitarias, ya sea compartiendo los foros sociales de debate, ya sea clarificando en los medios de comunicación el contexto y consecuencias del derecho internacional y europeo.

Los grandes temas del debate europeo e internacional están en las calles del planeta y en los medios de comunicación de relieve extranjeros, pero desgraciadamente no en una sociedad tan ensimismada como la española. Nuestros partidos políticos son reacios a la política exterior, a pesar de que buena parte del empleo, economía y acción empresarial españolas están vinculadas a lo que suceda fuera de nuestras fronteras. Es una paradoja que en la patria del Derecho de Gentes y de su fundador, Francisco de Vitoria, sus políticos prefieran el enfrentamiento interno a políticas internas cohesionadas que faciliten y multipliquen la proyección internacional de España.

Mi fascinación por la integración europea tiene una doble motivación.

Primero, se fraguó observando la actitud de Francia y Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, la más humillante, la más criminal e inmoral de todas las guerras de la Humanidad. La grandeza moral y éxito de la Unión Europea no es la paz que fue su consecuencia, sino la reconciliación entre sociedades que sufrieron guerras y dictaduras desde bandos enfrentados, al tiempo que deseaban asentar una sociedad europea nueva unida por los valores democráticos. No hay precedentes en la historia.

Y se dejó atrás no solo la Segunda Guerra Mundial, también la Primera y otras muchas guerras fratricidas del siglo XIX. Aceptaron -como decía Vaclav Havel- que las sociedades tienen que convivir “con huecos y fragmentos” en su historia para lograr la convivencia. No se revolcaron en el pasado, que ya no se podía cambiar, ni manipular ni cancelar; y decidieron, vencedores y vencidos, mirar hacia adelante para cimentar una sociedad que jamás volviera a repetir aquel pasado y resolver los problemas del presente.

Alemania dio un nuevo ejemplo en 1989 (caída del Muro de Berlín) cuando los nietos de los nazis y los hijos de los comunistas del Este se abrazaron con los nietos de los nazis del Oeste. Nos mostraron que, frente al elogio del odio, los nietos de unos y otros deben poder descansar de sus sufrimientos originados por sus padres y abuelos. Como en los versos de Lope de Vega:

Que en la senda del vivir.

No ir adelante, es ir

atrás; y el que arar empieza,

no ha de volver la cabeza,

sino arar, y proseguir.

Y, en segundo lugar, el atractivo europeo es el enigma de la norma sin la fuerza. La construcción europea está basada en la fuerza de la norma negociada y dialogada. Es la negociación entre demócratas lo que da fortaleza a una Unión enraizada en la cultura de la norma. Normas negociadas por muchos, normas recurribles siempre y normas interpretadas y aplicadas de forma unitaria. De ahí que los valores de la justicia y del respeto a las normas, el Estado de Derecho, sean la columna vertebral de la Unión.

La UE es una garantía real del respeto de la impermeabilidad de los jueces frente a los intereses políticos y de la confianza que la Administración de Justicia debe inspirar en los justiciables. Jueces y garantes de la Constitución que deben estar en condiciones de cumplir con la esencia de la independencia, como ha recordado tantas veces la Comisión de Venecia del Consejo de Europa, asumiendo “el deber de ingratitud del juez” frente a quienes los seleccionaron.

Sr. Presidente del Senado,

altas autoridades de los poderes del Estado,

señoras y señores, amigas y amigos

Los compromisos internacionales y europeos adquiridos por España en los años de la transición democrática y posteriores han dinamizado nuestro Derecho y han incrementado el arsenal de derechos ciudadanos protegidos por nuestros jueces y tribunales. El Derecho Internacional y europeo ha contribuido a nuestra autoestima y a abandonar tópicos negativos sobre la sociedad, el Estado y las Administraciones públicas, pues hemos contribuido con grandes iniciativas jurídicas y actuaciones judiciales en el Derecho y jurisprudencia de la Unión.

El proyecto europeo ha hecho de la UE la única potencia reguladora global, la única potencia exportadora de normatividad. La singularidad de este espacio de libertad y prosperidad con reglas es un orgullo para la ciudadanía europea frente al resto de potencias y superpotencias en las que priman la fuerza sobre el Derecho negociado.

Como jurista, como ciudadana española, me siento muy orgullosa de que esta fascinante experiencia de integración europea -en la que participa España- se haya logrado desde el Derecho, mediante el Derecho y por el Derecho como instrumento de paz, bienestar y libertad sin precedentes en la historia de la Humanidad.

Muchas gracias a todos

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