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Una grave ausencia, inexplicable; por José María Macías, vocal del Consejo General del Poder Judicial

24/09/2020
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El día 24 de septiembre de 2020 se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de José María Macías en el cual el autor considera que el acto de entrega de despachos a los miembros de las nuevas promociones la ausencia del Rey en la Escuela Judicial en Barcelona es un símbolo.

UNA GRAVE AUSENCIA, INEXPLICABLE

La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del Poder Judicial. Eso dice el artículo 117 de nuestra Constitución, así, literalmente: en nombre del Rey. Durante los años que serví como juez empleé esa expresión en mis sentencias de manera invariable: impartía justicia en nombre del Rey. Dicté muchas, muchísimas sentencias penales de manera oral y la impresión de oírme decir que imponía las condenas en nombre del Rey era más impactante que las propias condenas.

El Consejo General del Poder Judicial interpreta la expresión de nuestra Constitución de manera tajante y sin reservas, y por eso ha tenido a gala el hacer siempre partícipe a Su Majestad del acto más importante en la vida de todo juez: el momento en el que, después de un duro proceso de selección de un nivel de exigencia muy superior al de los países de nuestro entorno, recibe su despacho y se incorpora a la alta responsabilidad de ejercer un poder del Estado.

El acto de entrega de despachos a los miembros de las nuevas promociones de jueces es un acto del Consejo General del Poder Judicial, no de Casa Real ni del Gobierno, pero la invitación y la asistencia de Su Majestad a ese acto es mucho más que un mero gesto protocolario entre instituciones del Estado.

De entrada, permite hacer patente a los nuevos jueces, de una manera casi visual y plástica, que efectivamente cumplen una función constitucional en los precisos términos que predica nuestra Constitución, que se implican directamente y ejercen las funciones de un poder del Estado y que no son unos meros funcionarios que se incluyen en una organización administrativa al mando del gobierno, al que precisamente tienen que controlar: reciben el despacho de manos del Jefe del Estado, en cuyo nombre van a actuar en el futuro y que simboliza la unidad y permanencia del Estado frente a los vaivenes de los gobiernos de turno. Al menos, eso es lo que dice el artículo 56 de nuestra Constitución

Pero, sobre todo, y con un alcance más general, la presencia de Su Majestad permite también hacer patente ante la ciudadanía el papel que cumple la Jefatura del Estado como árbitro y moderador del funcionamiento de las instituciones y máximo representante del Estado (otra vez, el artículo 56 de nuestra Constitución). No porque los actos del jefe del Estado hayan de ser refrendados por el Gobierno esos actos carecen de la tremenda importancia que le atribuye nuestra Constitución.

Por primera vez en su reinado, su Majestad no acudirá mañana a la entrega de despachos de los nuevos jueces pese a haber confirmado su presencia. Su Majestad es un símbolo, así lo califica la Constitución cuando literalmente afirma que simboliza la unidad y permanencia del Estado, y su ausencia es de una gravedad inusitada porque esa ausencia es también un símbolo.

Y además de grave, su ausencia es inexplicable por inexplicada. Desde luego, esa explicación no se contiene en la comunicación remitida por Casa Real al CGPJ anunciando que no podrá asistir a la ceremonia porque el Gobierno, que refrenda sus actos, no lo autoriza. Nada que reprochar, desde luego, a Casa Real, que ha proporcionado la explicación cierta y real que estaba a su alcance. Lo que se debe explicar son las razones de la falta de autorización, que solo corresponden a quien no permite la asistencia.

Al tiempo de escribir estas líneas, el Consejo General del Poder Judicial no ha recibido ninguna explicación formal y oficial de las razones de la falta de autorización. Las noticias sobre supuestas razones de seguridad que se habrían trasladado a los medios de comunicación no han hecho otra cosa que sembrar el más absoluto desconcierto en nuestra institución, porque no se ha proporcionado ninguna información al respecto que permita calibrar la oportunidad de suspender o trasladar el acto en caso de que las vidas o la integridad de nuestros nuevos jueces y de los invitados al acto vayan a correr algún peligro.

Lamentablemente, mientras no se proporcione una explicación, toda especulación está justificada y, más lamentablemente aún, cualquier explicación que se vaya a proporcionar a partir de este momento, a deshora y si es que se proporciona, vendrá teñida de la sospecha de ser una mera excusa de mal pagador.

Lo decía antes e insisto ahora: Su Majestad es un símbolo. Su ausencia mañana en la Escuela Judicial en Barcelona es otro símbolo. Está por ver de qué.

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