IMPULSADA EN EUROPA Y EE.UU.
Estados Unidos, Australia, Alemania o Reino Unido la diferenciación por sexo en las aulas está siendo impulsada por la propia administración educativa. En estos países presenciamos la implantación de este modelo, cuya fuerza arranca de sus propias ventajas, demostradas empíricamente, y de su fuerte aceptación social, al margen de ideologías, creencias o tendencias.
No se trata de una vuelta a un pasado afortunadamente muy lejano, en el que se educaba a los muchachos para dominar el mundo y a las niñas para someterse a la voluntad masculina. El modelo actual se opone de forma absoluta al tradicional y anticuado modelo de escuela de roles separados, en el que se impartía una educación diferente a cada sexo mediante la separación física y curricular del proceso educativo de ambos grupos. La educación diferenciada moderna parte de la idea de que no hay asignados unos roles en la sociedad, sino que cada hombre y mujer debe tener las mismas oportunidades para optar con libertad por el papel que quieran desempeñar profesional y personalmente.
La actual escuela diferenciada es coeducativa: considera que las diferencias entre los sexos son siempre enriquecedoras y que lo que hay que eliminar son las discriminaciones. Una escuela que tiene como objetivo la eliminación de estereotipos entre sexos, superando las desigualdades sociales y las jerarquías culturales entre hombres y mujeres.
Datos objetivos y estudios empíricos demuestran que niños y niñas pueden llegar con mayor éxito a idénticas metas formativas y, en consecuencia, a una igualdad de oportunidades más real, si la enseñanza se adapta a la peculiar forma de aprender de cada sexo desde la infancia.
La educación actual es una mezcla equilibrada de tradición y progreso, de sentido común y ciencia, de naturaleza y cultura. Los colegios diferenciados en España no se han quedado anclados en el pasado, por el contrario, han sido capaces de incorporar los nuevos progresos de la ciencia y las actuales sensibilidades culturales. Tenemos la fortuna de contar con algunos centros de este tipo. Apenas llegan al 1%. Ninguno es público. Muy pocos concertados. Y, aunque todos obtienen excelentes resultados académicos y personales, es una educación criticada, incomprendida y sobre la que existe una profunda ignorancia y desconocimiento.
Seguir rechazando este modelo, seguir dificultándole el acceso a las ayudas públicas o negar la apertura de los colegios públicos a clases diferenciadas para los padres que así lo deseen supone una postura conservadora, quietista, que se cierra a la ciencia y a la innovación pedagógica, que se opone a la tendencia marcada por países que están logrando remontar la crisis educativa; supone negar a los padres su derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos en un marco de gratuidad garantizado constitucionalmente; y supone condenar a nuestros jóvenes a seguir engrosando los porcentajes más elevados del fracaso escolar en Europa, con las graves consecuencias sociales y económicas que esto implicará en un futuro no muy lejano para nuestro país.
La educación mixta no es la única opción válida y, por lo tanto, no debe ser la única ofertada por la Administración.