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Alacranes en una botella; por Rafael Navarro-Valls, catedrático y vicepresidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

11/07/2018
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El día 11 de julio de 2018 se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de Rafael Navarro-Valls en el cual el autor opina sobre el juez nominado por Trump para el Tribunal Supremo Federal de EEUU.

ALACRANES EN UNA BOTELLA

Cuando ayer, en horario de máxima audiencia, Donald Trump desveló el nombre de su candidato al puesto vacante dejado por Arthur Kennedy en el Tribunal Supremo Federal de EEUU las reacciones fueron muy dispares. Los demócratas se removieron inquietos en sus asientos y comenzaron a afilar sus cuchillos para crear una zanja que no permita a Brett Michael Kavanaugh (53 años) saltar la mayoría simple del Senado que le separa de la confirmación. Los republicanos -salvo una pequeña minoría- cerraron filas con él, para consolidar la mayoría conservadora que controle ese “pequeño organismo con un inmenso poder”, que es el Tribunal Supremo.

La razón de la alarma de los demócratas es comprensible. El juez nominado por Trump tiene, para el partido del asno, antecedentes inquietantes. Formó parte del equipo de Ken Starr que postuló, desde su puesto de consejero independiente, el impeachment de Bill Clinton. Posteriormente formó parte del grupo de abogados que ayudaron legalmente a Bush en su elección para la Presidencia, a través de la discutida votación en torno al voto del estado de Florida. Ya con Bush, se integró en el pool de abogados de la Casa Blanca, y el propio presidente lo postuló para el cargo de juez de apelaciones del Distrito de Columbia. Un ejemplo típico de la élite republicana de abogados de Washington.

Antes he dicho que, salvo una minoría, los republicanos han cerrado filas tras él. Esa minoría la forman unos republicanos que sospechan que, al haber trabajado en el equipo del dimisionario magistrado Kennedy, Kavanaugh puede haberse “contaminado” de la tendencia de Kennedy de oscilar en su voto entre los bloques progresista y conservador. De ahí su nombre de “magistrado péndulo”, no raro entre los nombrados por presidentes republicanos. Así ocurrió, por ejemplo, con David Souter (nombrado por Bush padre) y Sandra Day O’Connor (nombrada por Reagan).

Kavanaugh es católico. De este modo el Supremo está constituido por una mayoría de cinco católicos. Es importante resaltar que los magistrados católicos han sido nombrados por presidentes protestantes. Kennedy, que fue el único presidente católico, nunca nombró a ningún miembro de esta confesión: Byron R. White era protestante y Arthur Goldberg era judío. La mayoría católica no es un designio buscado por los presidentes, más bien es el resultado de una demografía en la que esta religión es la minoría mayoritaria de EEUU. Una demografía de la que salen personas tan distintas como Sonia Sotomayor, católica de origen puertorriqueño, hija de una enfermera y un obrero; John Roberts, hijo de un alto ejecutivo; o Clarence Thomas, afroamericano hijo de una empleada del hogar y converso al catolicismo, una vez nombrado magistrado. No quiere decir que voten del mismo modo.

Otra característica de Kavanaugh es su relativa juventud, con lo que viene a aumentar los jóvenes del TS. Conviene recalcar que estos jóvenes constituyen hoy por hoy una relativa “mayoría conservadora”, frente a la vieja guardia liberal. Sin embargo, esta afirmación hay que matizarla, pues Sotomayor o Kagan no es infrecuente que voten con los viejos. Por otra parte se tiende a hablar de conservadurismo en materia de pena de muerte, control de drogas y aborto. Lo que han hecho los jóvenes-apoyados por algunos mayores- ha sido devolver a los estados una cierta competencia legislativa sobre el tema. Pero se minimiza la sorprendente posición de los conservadores “al apoyar la constitucionalidad del escarnio a la bandera o en su decidido apoyo a derechos civiles incluidos en la Primera Enmienda como libertad religiosa u objeción de conciencia”.

Suele decirse que el TS se compone de “nueve alacranes en una botella”. La realidad es que aunque hay enfrentamientos jurídicamente feroces, la tolerancia y el buen trato suelen primar. Sobre todo cuando Scalia (icono conservador) justificaba así su conocida amistad con el icono progresista (Ruth B. Ginsburg): “Si no estás dispuesto a disentir de tus colegas en materia jurídica y, al tiempo, conservar la amistad, hay que buscarse otro trabajo”. Parece que ese también es el talante positivo de Brett Michael Kavanaugh.

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