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El triunfo de la Alemania silenciosa; por Santiago González Varas, Doctor en Derecho en Dresden

26/09/2013
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El día 24 de septiembre de 2013, se ha publicado en el diario La Razón, un artículo de Santiago González Varas, en el cual el autor valora las elecciones alemanas.

EL TRIUNFO DE LA ALEMANIA SILENCIOSA

En principio, una valoración de las elecciones alemanas no parece demasiado complicada: gana la derecha, que mejora incluso resultados, lo que puede interpretarse como un respaldo a la política de la CDU, basada en que “uno no ha de gastar más de lo que tiene”. Esta política llega incluso a tener signos externos en la propia persona de Merkel, dando imagen de sencillez en sus hábitos y comportamientos, lo que políticamente ha funcionado, logrando identificarse con una mentalidad alemana proclive por otra parte a la política del liderazgo. Ahora bien, surge la duda de si todo esto es bueno para Alemania o también funciona para Europa. El discurso electoral ha insistido (lo que seguramente se justifica por ser elecciones nacionales) en una Alemania fuerte y respetada.

Los mensajes para España son interesantes no sólo en lo económico, donde la cuestión parece clara sobre el camino a preservar, sino también en lo político. En primer lugar, se aprecia que la oposición de izquierdas y los verdes no optan por un acuerdo para derrocar al partido más votado en las urnas; es decir, dicho sea por alusión a España, en Alemania sería un fraude un pacto ahora entre la izquierdas o entre éstas y nacionalistas (sin embargo, nuestra Izquierda Unida ya ha dicho que en Alemania deberían juntarse todos contra Merkel). Pues no es así en aquel país. Segundo, el pacto posible del partido de derechas viene siendo con los liberales (no con partidos antagónicos a la causa nacional del Estado, es decir nacionalistas) y, cuando este pacto no es posible (recordemos que una novedad de estas elecciones es que los liberales se quedan sin representación parlamentaria), entonces procede hacer una coalición con el otro partido mayoritario, aunque sea de izquierdas. En el fondo tampoco son tantas las diferencias entre ambos representantes de la mayoría porque allí “todos están a una” (el SPD tampoco está lejos de aquello del “Deutschland über alles”, o sea, Alemania por encima de todo).

Otro mensaje es que el “electorado es responsable”, sin haberse dejado seducir en la actual coyuntura económica por un posible mensaje “fácil” del SPD (partido mayoritario de izquierdas) de dar salarios mínimos y demás prebendas sociales, y por supuesto sin dar pie a partidos nacionalistas, pese a que podría ser así en un país federal y con una historia de Estados independientes hasta no hace tanto. Finalmente, Merkel cuenta con los catedráticos para formar gobierno a diferencia de España. Y las personas honradas también tienen campo en la política. Por otra parte, la economía se acredita como el valor preponderante en unas elecciones.

Estamos ante una Alemania que, sinceramente, da envidia, al menos para un español que cree conocerla bien tras haber vivido allí casi cuatro años, donde he sido en dos ocasiones asesor del Gobierno alemán y donde me doctoré por segunda vez, entre otras cosas. Y me apena un poco España porque es injusto lo que nos ocurre y que haya personas que voten a partidos como CiU o PNV. Si vamos al fondo (y estas elecciones son un simple paso más) todo esto que nos ocurre, del énfasis de las nacionalidades y su periscopio puesto en su propio ombligo, tendría más lógica en Alemania, donde hubo estados independientes hasta no hace tanto y donde los niños llegaban a las escuelas hasta los años setenta sin saber casi hablar alemán estándar (Hochdeutsch). Pero hay una “Alemania silenciosa” que se va haciendo sin que nadie lo cuestione, democráticamente por supuesto, que no es sino representación del Estado nacional, forma ésta que lejos de estar en crisis uno la percibe por donde va, salvo en España. En Alemania los elementos regionales se han dejado a un lado (podría no haber sido así en un país de base regional como Alemania) y la “Europa de Merkel y de los alemanes” es clarísimamente una Europa de Estados nacionales democráticos compatible con (y por supuesto no contraria a) la Europa (burocrática). Alemania va perdiendo el rubor, aquel incluso de los años ochenta, cuando a uno le decían: “No digas Deutschland, se dice la República Federal”. Ahora se oye Deutschland hasta en la sopa como las banderas alemanas (silenciosa y democráticamente) pero ahí están, igual que se habla ya sólo alemán; esto es objetivamente el Estado federal, de base de estados independientes. Qué sería de nosotros si el mensaje de Francia, Alemania, Estados Unidos o Italia fuera el del regionalismo cerrado, pero no es así ya que aquí estamos por noticias de hoy con el currículum vasco o con la doble nacionalidad catalano-española.

Todo esto de que por ejemplo las lenguas regionales son un ejemplo de multiculturalismo constitucional, dicho sea objetiva o científicamente, en Alemania no se ve así, y lo único de lo que damos imagen en el exterior es de desunión. Bien es cierto que si trasladáramos el modelo alemán a España esto implicaría, dicho sea en clave nacional nuestra, que ni se premia a los territorios desleales (para que después te den la espalda) ni tampoco Madrid se convierte en el sitio de los madrileños, ya que una traslación del modelo alemán a España significaría una revalorización de las provincias españolas en general, haciendo Estado desde todos los lugares. Pero, desde luego, si la realidad es un Estado silencioso nacional que avanza incluso inconscientemente en su propia realidad, lo que no se aprecia es el sentido, en Alemania, de un partido euroescéptico, más a la derecha que la CDU, porque en tal país esto (por lo dicho) parece innecesario, pese a que ha obtenido un 4,9% (al borde del 5% necesario) de los votos y ello aunque tan sólo se ha creado hace unos meses.

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