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Donaciones ilegales a la CDU; por Francisco Sosa Wagner, Catedrático y eurodiputado por UPyD

05/02/2013
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El día 5 de febrero de 2013, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Francisco Sosa Wagner, en el cual el autor recuerda el escándalo de financiación irregular que se destapó en 1999.

DONACIONES ILEGALES A LA CDU

A principios de noviembre de 1998 fue elegida una tal Angela Merkel secretaria general de la CDU siendo Wolfgang Schäuble presidente del partido. La Presidencia de honor la ocupaba el canciller Helmut Kohl. Era una época en la que la democracia cristiana alemana obtenía buenos resultados en las elecciones a los parlamentos de algunos Länder y también en las celebradas en junio de 1999 para el Parlamento europeo. Pues bien, es en noviembre de ese año 1999 cuando estalla en los medios informativos alemanes el escándalo de las donaciones ilegales a la CDU. Nada menos que en una entrevista concedida al segundo canal de la televisión alemana, Kohl admite haber ingresado grandes sumas de dinero sin cumplir las reglas contenidas en la ley que regulaba tales donaciones al tiempo que se negaba a dar los nombres de los donantes.

Es entonces cuando Merkel publica un artículo sonado en el FrankfurterAllgemeineZeitung -22 de diciembre-, criticando abiertamente la actitud de su jefe de filas y reclamando a su partido que “aprendiera a andar solo, a tomar su propio camino como cada cual hace cuando llega a la pubertad”. ¿En qué consistía el escándalo de las donaciones? En el turbulento -para la CDU- noviembre de 1999, un juzgado de Augsburgo dicta una orden de arresto contra el entonces tesorero de este partido imputándolo por evasión de impuestos. Se le acusaba, en concreto, de haber aceptado una donación procedente de un traficante de armas, donación que no había pasado por las oficinas de Hacienda. Es más: ni siquiera había llegado a las arcas del partido pues la cantidad se la habían repartido -suponemos que amigablemente- el tesorero con sus colaboradores. Poco después, nada menos que el secretario general del partido tiene que admitir que, en la era Kohl, la organización se había financiado ilegalmente. Otros antiguos secretarios generales sostuvieron, sin embargo, que nada sabían de tales prácticas.

Y es tras estas declaraciones cuando el propio Kohl confiesa ante las cámaras de televisión y asume toda la responsabilidad política derivada del escándalo. A los pocos días, se ve obligado a abandonar la Presidencia honorífica de la CDU. Se constituyó entonces una comisión de investigación en el Parlamento que sesionó hasta el verano de 2002 al tiempo que se tramitaba el endurecimiento de los preceptos de la ley de financiación de los partidos. A lo largo de las deliberaciones de la comisión parlamentaria quedó demostrado que la CDU poseía grandes cantidades de dinero negro y también una muy sospechosa fundación en Suiza.

En estos trapicheos se vieron involucrados nombres importantes de la política alemana, entre ellos, el de Wolfgang Schäuble -presidente del partido, como hemos dicho- quien reconoció en enero de 2000 haber recibido dinero procedente de la industria del armamento, a pesar de que en el Parlamento poco antes lo había negado. Pero la rectificación le fue impuesta por el hecho de que una tesorera del partido logró dar muchos detalles que contradecían la versión de Schäuble.

La situación de este hombre se hizo insostenible y a mediados de febrero dimitió. La CDU queda entonces descabezada lo que refuerza la posición de Merkel quien ostentaba la Secretaría General. Se abre entonces un debate intenso en el partido a lo largo y ancho de Alemania de forma que se celebran hasta ocho “conferencias regionales” donde los militantes discutieron en profundidad el escándalo y sus implicaciones. Es en ellas donde se va formando una corriente de opinión partidaria de que Merkel ocupe la Presidencia vacante del partido, lo que en efecto ocurre en abril de 2000. Malos tiempos para la CDU. La flamante presidenta sufre, como consecuencia del escándalo, derrotas en algunas elecciones regionales. Es el tiempo en el que el Gobierno rojiverde del dúo Gerhard Schröder-Joschka Fischer campaba por sus respetos en el escenario político alemán.

Y es el tiempo también en el que hay que buscar un candidato para la cancillería porque las elecciones generales se acercan. Merkel no oculta su intención de aspirar al cargo pero tiene un adversario poderoso, Edmund Stoiber, presidente del Gobierno bávaro desde 1993 y dirigente del partido hermano, la CSU. Hombre correoso y con muchos apoyos entre los presidentes de los Länder se convierte en efecto en el candidato a la Cancillería con el respaldo ¿entusiasta, fingido? de Merkel. Pero las elecciones de septiembre de 2002 dan de nuevo la victoria a socialistas y verdes, escasa ciertamente pero victoria. Schröder sigue como canciller después de haberse puesto las botas de agua en las inundaciones del verano. Cuando se constituye el Bundestag, Merkel reclama la Presidencia del grupo de la oposición, que consigue. Para hacer desde allí -conviene recordarlo y subrayarlo- un trabajo de colaboración con el Gobierno que acaba vinculando al partido a las grandes reformas sanitaria y laboral que promueve Schröder, cuyo contenido vota favorablemente en el Parlamento. Y sigue la carrera de la señora Merkel hasta el lugar que hoy ocupa...

VOLVAMOS al asunto de las donaciones. Merkel, a quien se llamaba entonces despectivamente Merkelchen, es decir, Merkelita, consolida su posición dirigente como consecuencia de su firmeza al combatir las ilegalidades amparadas por quien había sido su introductor en las esferas de la alta política alemana. Lo hemos visto con la campanada en el prestigioso Frankfurter y lo completa en enero de 2000 al confirmar que, tras la auditoría de las cuentas de las CDU, quedaba probada la existencia de millones de marcos “de desconocido origen” en las cajas del partido durante la era de Kohl. Personaje histórico -la reunificación, los éxitos europeos...- caído en desgracia hasta el punto de que una recepción, organizada para celebrar su 60.º cumpleaños, es cancelada desde la dirección de la CDU.

El presidente del Bundestag impone a la CDU una multa de 41,5 millones de marcos y más tarde pierde el partido casi otros ocho millones procedentes de los fondos destinados a la financiación pública de los partidos, como sanción por su comportamiento. Los medios informativos, Spiegel, la prensa de Berlín, la televisión, siguieron ofreciendo datos y más datos sobre este oscuro asunto que se completó luego con otros en el seno de la socialdemocracia (Colonia) y entre los liberales (Land de Renania del Norte-Westfalia)... Para meditar y afrontar nuestras actuales desventuras, acaso estos datos, extraídos de los anales de la historia alemana contemporánea, puedan servir de ayuda, terapia y brújula.

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