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Siempre con las víctimas; Enrique López, magistrado

17/09/2012
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El día 17 de septiembre de 2012, se ha publicado en el diario La Razón, un artículo de Enrique López, en el cual el autor opina que las víctimas de actos terroristas son lo mejor de nuestra sociedad, y siempre nos han dado una permanente lección de resignación, y sobre todo de confianza en la Justicia.

SIEMPRE CON LAS VÍCTIMAS

Las víctimas de actos terroristas son lo mejor de nuestra sociedad, y siempre nos han dado una permanente lección de resignación, y sobre todo de confianza en la Justicia; han sufrido mucho, y eso hace por sí mismo, que tengan derecho a todo. En esta línea, se debe contextualizar que critiquen aquello que no entienden, y sobre todo lo que no comparten, aunque resulte una estricta aplicación de la Ley. Los que tenemos que tomar decisiones que les pueden afectar, entendemos sus críticas, y su lamento cuando consideran injusto lo resuelto; ninguna de estas reacciones puede disminuir, sino aumentar el respeto y la admiración que nos merecen. Por supuesto, que en relación con el terrorismo no puede haber equidistancia, y mucho menos entre víctima y agresor; las víctimas son algo más que una parte en un proceso penal, son una parte de la sociedad, una parte que ha sufrido en sí misma o en el seno de sus familias, el zarpazo de la sinrazón terrorista. Por ello la máxima comprensión para todo lo que digan, por duro que sea, se han ganado ese derecho. Pero también se han ganado el derecho a que intentemos explicarles todo lo que se hace, todo lo que se dice, y por qué se decide; a veces la razón de la Ley no es la ley de la razón, y a veces la aplicación de la Ley produce situaciones que pueden apartarse de lo que se considera más justo. Esto obliga a intentar explicar las cosas, aunque sean criticadas, como he dicho, el mismo derecho que tienen las víctimas a criticar cualquier decisión que no compartan, lo tienen a que se les intente explicar, sea cual sea el resultado de tal explicación. Pero este derecho genera una obligación, y una responsabilidad que compartimos muchos, y no sólo los que tenemos que adoptar decisiones. Lo contrario es un error; caer en la fácil demagogia por parte de quien debe partir de una fácil objetividad es un grave error, porque al final la verdad se acabará imponiendo. Nuestro sistema legal es el que es, y sus consecuencias son las que son, nos gusten o no. Los que siempre hemos defendido la aplicación estricta de la Ley a todos y cada uno de los casos, siempre hemos estado en el mismo lado y no estamos solos, estamos con la Ley; hace unos años padecimos la irresponsabilidad de alguien que intentó acabar con ETA negociando, me opuse y lo sigo pagando. Intentar forzar la Ley para conseguir decisiones oportunas en uno u otro sentido, no es bueno, se obtienen resultados presuntamente oportunos, pero pírricos. Personalmente hubiera preferido otro marco penal en España que hubiera producido otras consecuencias para muchos miembros de ETA, similares a la repuesta penal de los atentados de Madrid, pero eso es imposible, y cualquier reforma de las que ya se han producido o se pueda producir, no van a afectar a los asesinos sanguinarios de ETA. Resulta muy difícil buscar soluciones interpretativas que traten de paliar semejantes errores legislativos, estamos pagando, y muy caro la falta de previsión de los gobiernos de turno. Se debe recordar que se mantuvo un marco legal hasta el año 1996, que establecía un límite máximo de cumplimiento de treinta años, de los cuales se podía descontar un día de condena por cada dos días de trabajo, provocando que penas que sumaban cientos de años fueran cumplidas en menos de veinte años. Hasta el año 2003 no estaba asegurado el cumplimento cuasi integro de las condenas, y ello provoca en la sociedad una sensación de injusticia, que pagamos los que aplicamos e interpretamos la norma. Por ello, convendría que algunos abandonaran actitudes fáciles y demagógicas, y colaboraran en este esfuerzo pedagógico que hay que hacer, para que las víctimas y la sociedad en su conjunto entiendan, aunque no compartan, ciertas decisiones judiciales. Insisto en que los que respetamos profundamente la Ley, aunque no nos gusten algunas de sus consecuencias, nos sentimos tranquilos, porque hacemos lo que debemos. Pero desde las resoluciones no es tan fácil llevar a cabo la labor pedagogía deseada, y mucho menos si desde determinados ámbitos se insiste en la demagogia como único instrumento de valoración pretendidamente crítica; con esta actitud, no se les hace ningún favor a las víctimas, al contrario, se les alimenta con hipótesis y opciones no posibles con nuestro sistema penal, y ello les genera más decepción y dolor. Deberíamos hacer un esfuerzo de responsabilidad para no aumentar la lógica decepción, y tratar de paliarla con valoraciones sinceras y valientes. En cualquier caso, digan lo que digan las víctimas, critiquen lo que critiquen, siempre se debe estar con ellas, porque es el mínimo derecho que tienen, pero son los únicos que tienen este derecho, otros no deberían ejercerlo, porque no es legitimo, y muy al contrario es injusto. Al final, todo el mundo se dará cuenta de su descaro.

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