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Valor y realidad; por Enrique López, Magistrado

18/06/2012
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El día 18 de junio de 2012, se ha publicado en el Diario La Razón, un artículo de Enrique López, en el que el autor opina que nuestra Justicia necesita reformas estructurales y reordenar sus recursos, porque a los profesionales ya los tiene.

VALOR Y REALIDAD

Un día como hoy, en el que se celebra el bicentenario del Tribunal Supremo, es un buen día para recordar que España es un país con mucha historia y que ha pasado por multitud de avatares. Estamos atravesando un momento difícil, pero no mucho más difícil que otros vividos por nuestro país, y siempre hemos salido. No me cabe duda de que en esta ocasión también lo haremos. Ninguna circunstancia, por penosa que sea, nos debe detener en la labor reformadora emprendida en los últimos tiempos, y ello también es predicable en la Justicia. Decía Ortega que en un gobierno perfecto cada ministro había de atenerse a su virtud constitucional y así “el de la Guerra administraría el valor y la entereza; el de Bellas Artes ejercería el buen gusto; el de Gobernación se limitaría a la legalidad, quedando para el de presidencia la legalidad histórica, una virtud difusa e impredecible” -”El Imparcial”, el 11 de julio de 1910-. Hoy en día el valor y la entereza deben predicarse de toda acción de gobierno, incluida la Justicia. Siguiendo el pensamiento expresado por Ortega, la labor de los que tienen cualquier responsabilidad en la Justicia siempre debería obedecer a la virtud constitucional de la misma, la Justicia y nada más. Justicia en todo, en la acción y en la intención, porque a veces una acción revestida de justicia formal puede enmascarar viles y abyectos fines. Sócrates hablaba con dos hombres de Estado, Lages y Nikias, y les preguntaba sobre el valor, a lo que Lages decía que si un hombre permanece tenaz en su puesto esperando a los enemigos y no huye será en verdad valiente. Sócrates responde y se pregunta si no es más valiente el que combate huyendo al enemigo. Se refiere a los escitas, de los cuales se dice que no peleaban menos huyendo que persiguiendo. Y termina sancionando que la paciencia unida al razonamiento es el verdadero valor. Nos dice que el valor es una ciencia, la ciencia de lo que se debe temer y lo que no en la guerra y en todas las cuestiones. Lo leemos en el diálogo platónico “Laques o del valor” y podríamos concluir, como de hecho hace Ortega, que hay una ciencia del retroceder y esta ciencia es el otro valor, el que no es sólo valentía. Parece que ahora toca retroceder, retroceder sobre nuestros pasos y reconocer los errores del pasado, sobre todo para no volver a repetirlos, y ello aunque le corresponda hacerlo al que ninguna culpa tuvo en su causa, aunque sea difícil hacerlo si este personaje histórico es a su vez quien lo advirtió y no se le hizo caso. Sólo queda el consuelo de que quien con su irresponsabilidad causó esta zozobra por lo menos sea consciente de ello. En cualquier caso, España es una obra común de todos los españoles, es una empresa que nos trasciende a todos y, sobre todo, que como hoy se demuestra con la efeméride es muy antigua. Es cuestión de Justicia recordar hoy a todos aquellos que han contribuido a hacer un buen sistema de Justicia, necesitado de reformas, pero que ha servido a su sociedad en términos adecuados durante muchos años. Nuestra Justicia necesita reformas estructurales, necesita reordenar sus recursos, las personas ya las tiene, profesionales muy cualificados. Hoy está de moda la palabra eficiencia y no resulta sencillo llegar a una definición aceptada. No obstante, la eficiencia se ha convertido en estos últimos años en un objetivo de la actuación de la Administración pública, aunque, claro está, no es el único. Así, hay quienes desde el campo económico pretenden erigir a la eficiencia en el criterio por excelencia para disponer todo aquello tendiente al bienestar. Dicho concepto importa uno de los valores más preciados de esa ciencia y una herramienta básica para cualquier desarrollo posterior. Toda decisión eficiente será aquella que consigue un objetivo determinado al mínimo costo. Es necesario diferenciar el concepto con el de eficacia, entendido como el cumplimiento del objetivo buscado. Pese a tratarse de conceptos diferentes, creo que la eficiencia comprende o al menos presupone la eficacia y la efectividad. No podemos hablar de una ley eficiente si esta no es respetada y cumple su objetivo. Ahora bien, los objetivos de la eficiencia deben quedar restringidos a su ámbito propio, a constituirse en un principio más, ni el único ni el más importante, pero sí tal vez el que por sus características pueda más fácilmente y objetivamente ser medido y que pueda convertirse en un indicador clave del desempeño del sistema. El derroche o gasto exagerado implica que la sociedad está destinando a la Justicia fondos que podrían ser utilizados en otro área, y en este sentido la eficiencia se relaciona con el bienestar social.

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