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La hora de la verdad; por Ramón Rodríguez Arribas, Ex -Vicepresidente del Tribunal Constitucional

21/06/2017
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El día 21 de junio de 2017, se ha publicado en el diario ABC un artículo de Ramón Rodríguez Arribas, en el cual el autor opina que el anuncio del referéndum en sí mismo, aunque sin más formalidades que la de la solemne publicidad desafiante, emplazando al Estado a atreverse a impedirlo, es ya algo que no puede dejarse pasar en un Estado de Derecho.

LA HORA DE LA VERDAD

El lenguaje coloquial español está impregnado de frases tomadas de la fiesta de los toros, que resultan expresivas de situaciones reales; así, “coger el toro por los cuernos”, “dar una larga cambiada”, “estar para el arrastre”, etcétera. Y tal vez, la más dramática es la de “la hora de la verdad”, con la que se señala el momento en que el maestro, caída y casi plegada la muleta, blande la espada y cuando el toro se arranca, se abalanza sobre él para concluir con la suerte final de la lidia... o tal vez morir, como de hecho ha sucedido en bastantes ocasiones y algunas están ya en la historia, así los casos de los diestros Manolete y Paquirri, y hace solo unos días, aunque en distinta suerte de lidia, concretamente en un quite, hemos asistido a la tragedia sufrida en la persona de Iván Fandiño, que nos ha puesto una vez más de manifiesto el arrojo ante el riesgo y el valor de los toreros enfrentándose a la única fiera que existe en el territorio europeo y que no se ha extinguido gracias a esta fiesta, en la que el hombre afronta su propio destino, aunque nada comprendan quienes sin la nobleza del astado, demuestran su vileza celebrando el luto de los demás.

También en la vida de las naciones puede llegar esa hora de la verdad en la que está en juego su permanencia en la Historia de los pueblos. Hace unos días, el presidente de la Generalitat (representante ordinario del Estado en Cataluña según el artículo 152-1 párrafo 1.º de la Constitución Española) ha anunciado, con la teatralidad que gusta al nacionalismo, la celebración de un referéndum en aquel territorio del Estado español, de cuya ilegalidad e inconstitucionalidad no dudan ni los que lo patrocinan, al que ha puesto la fecha del primero de octubre de 2017, fijando la pregunta, que viene a consistir en pedir a los españoles censados en aquella Comunidad Autónoma que digan si quieren que España siga siendo España o no, porque a ello equivale que se pronuncien si desean que Cataluña sea un Estado independiente, con forma de República, y todo ello prescindiendo de la opinión de los otros 40 millones de españoles que, por lo visto, “no tenemos derecho a decidir”. Y encima proclaman que ese proceder, totalitario y sedicioso, es el “democrático” y los autoritarios y opresores son quienes no les dejan saltarse las leyes y hasta cometer delitos impunemente. Si no fuera por la extrema gravedad del asunto, sería para escribir un sainete, como los del inolvidable Carlos Arniches.

Lo que no cabe es sorprenderse de este anuncio porque, desde hace muchos meses y hasta años, las autoridades autonómicas de Cataluña han venido preparando y ejecutando medidas dirigidas a este referéndum, contra las reiteradas sentencias del Tribunal Constitucional, que han declarado siempre que no cumplirían. Otra cosa es que, como sucede cuando algún familiar o amigo dice que va a suicidarse, no nos lo hayamos querido creer, y yo el primero, confiando -ahora vemos que erróneamente- en que no se ejecutaría la locura y que no necesitaríamos asumir la responsabilidad de evitarlo de manera eficaz. Lo peor es que, en este caso, lo que está en peligro no es sólo Cataluña, sino España misma y ante ello hay obligaciones que impone el Ordenamiento Jurídico y que, adquiridas bajo juramento, no pueden dejarse de cumplir, aunque exigieran el empleo de instrumentos legales y medios, que nadie quisiera tener que utilizar, pero cuya omisión podría producir una gravísima responsabilidad, tanto para quienes debieran hacerlo, como para quienes deben de apoyarlo cuando se produzca, incluidos todos los españoles, que no podemos permanecer de meros espectadores de un “golpe de Estado lento” como lo calificó Alfonso Guerra; y es que en una democracia no puede haber nada ni nadie por encima de la ley, y cuando sobre ella se intenta poner la política, la historia, los derechos del pueblo o cualquier otro “invento”, actuando al margen y contra la Constitución y el entero Ordenamiento Jurídico, que descaradamente se dice que se pretende destruir, no hay más remedio que acudir a lo que las propias leyes establecen y hacerlo con oportunidad, proporcionalidad, prudencia y hasta mesura, es cierto, pero haciéndolo, porque lo único que no se puede hacer es no hacer nada.

Por eso puede despertar preocupación la opinión, que parece estarse extendiendo, de que la declaración del anuncio del referéndum separatista en Cataluña, con fijación de fecha y contenido, hecha con toda solemnidad y publicidad, carece de eficacia jurídica alguna. Con el máximo respeto a quienes sostengan esa tesis, discrepo radicalmente, porque con esa base perderían validez los contratos verbales que, al establecer la libertad de formas, autoriza el artículo 1.278 de nuestro Código Civil, y la conspiración para delinquir (que por cierto es expresamente punible en los casos de rebelión y sedición según nuestro Código Penal) solo cabría ser perseguida cuando se manifestara por escrito, cosa que no suele suceder nunca. Pero, es más, ¿y si el referéndum llegara a celebrarse materialmente, sin que ninguna autoridad firmara una resolución y sin publicarlo en el Boletín Oficial de la Generalitat de Cataluña? ¿Significaría eso que el Estado estaba desarmado para impedirlo? Por el contrario, el anuncio en sí mismo, aunque sin más formalidades que la de la solemne publicidad desafiante, emplazando al Estado a atreverse a impedirlo, es ya algo que no puede dejarse pasar en un Estado de Derecho, porque en estos asuntos tan graves, como en la suprema suerte de la lidia, anticiparse no es bueno, pero llegar tarde puede conducir a la tragedia y, mucho me temo, que bien a nuestro pesar, en España está llegando “la hora de la verdad”.

Comentarios - 3 Escribir comentario

#3

"embisten", el más gran poeta de los últimos tiempos en español, sevillano, que hubo de exiliarse, dejar la patria atrás y morir ya enfermo en Colliure con su madre, donde la plana mayor de los poetas españoles van a rendirle homenaje periódicamente, sí "embisten", este es su retrato, fíjese en su vocabulario cargado de malas intenciones, se ha olvidado de las identidades diferentes, de empatía y de derechos de los otros, de la historia de persecuciones de siglos: "golpe de estado", "sedicioso", "separatistas", "cizaña (con c)", ¡por favor cuide sus palabras si van dirigidias a terceras personas!, sus opiniones no están fundadas y no son corteses, sus insultos menos, que es ley elemental de la cortesía no hacerlo con alguien si no se conoce, si la niega no hay más que le vaya muy bien, no le voy a dedicar más en el futuro... con sus expresiones demuestra poco, con el máximo respeto para la libertad que Vd. ha de tener Sr. Ciuadano Toni, pero a la vez la propia libertad para discrepar de Vd., no se trata de entrar en polémicas, si Vd,. lo entiende así no le voy a hacer caso, se cierra no por vacaciones, sino por "falta de decencia" la discusión entre nosotros, y no es conveniente hacerlo más en el futuro, ¡que le vaya muy bien!

Escrito el 22/06/2017 20:13:05 por tinita Responder Es ofensivo Me gusta (0)

#2

Pues "tinita", para ser un comentario crítico con el artículo, no deja de llenarlo de alegorías, tópicos, metáforas, dichos de Machado y del mundo taurino. Pero pasa de largo del problema que tenemos, que no es otro que "un golpe de Estado" sedicioso orquestado desde hace cuarenta años, sin que nadie alzase la voz, salvo algunos individuos en Cataluña, pues políticos, periodistas, e intelectuales "estaban en sus cosas" y los separatistas con el campo libre para sembrar su zizaña. Pero no solo eso, les han dejado el campo libre, si no que han sido sus más firmes aliados. Los periodistas, salvo contadas excepciones, han aceptado y adoptado el lenguaje del nacionalismo, incluso en su versión de terroristas. El PP y PSOE se han disputado su favor para llegar a gobierno. Ya no digamos IU, los sindicatos e incluso la Iglesia Católica catalana, aliados de primera fila.

Escrito el 21/06/2017 17:30:53 por Ciudadano Toni Responder Es ofensivo Me gusta (0)

#1

el lenguaje es el arma más poderosa de la jurisprudencia, donde la retórica constitucional debe ser equánime y no crear previas alarmas sociales infundadas, no debe usar términos vejatorios insinuantes como "solemne publicidad desafiante", "atreverse a impedirlo", "no dejarlo pasar", con los más que debidos respetos a Señores Ilustres de pasado en tan alto cargo, como el Sr. Rodríguez Arribas, Ex-Vicepresidente del Tribunal Constitucional, que no miden sus palabras y emiten repetidos públicos juicios de valor, que usan opiniones desatinadas en público y una retórica epidíctica vetusta llena de alegorías perpetuadoras de tópicos manidos, usando metáforas tendenciosas tras metáforas porque dudan de la eficacia de su razonamiento y hay que reforzarlas con sus alegorías discutibles... porque el mundo taurino no es una generalidad aceptada y se les puede rebatir fácilmente como es el caso del famoso y muy querido Antonio Machado que dijo "que los españoles no razonan, embisten", metáfora taurina (en la vida de los pueblos e historia nacional no hay toros, sólo en muy pocos países) ahora sí acertada por el entrañable poeta... recordemos el monumental eco internacional (Brody, Nikken, Watch...) con dudoso efecto de intimidaciòn en el caso del juez Garzón, entrañable amigo de parte familiar, y que no ha sido reparado por haber levantado contra él sin garantías la quiebra del Estado de Derecho con sus turbias amenazas y procesos aplicados similares a los mismos principios por parte de dictaduras como la Argentina o la Chilena...

Escrito el 21/06/2017 12:57:27 por tinita Responder Es ofensivo Me gusta (0)

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