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Hillary y sus fantasmas; por Rafael Navarro-Valls, Catedrático y Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

14/04/2015
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El día 14 de abril de 2015, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Rafael Navarro-Valls, en el cual el autor considera que Hillary Clinton se encontrará en su camino hacia la Casa Blanca con numerosos escollos del pasado y del presente: desde sus fallos como secretaria de Estado al ‘emailgate’ o las donaciones a la Fundación Clinton.

HILLARY Y SUS FANTASMAS

Hace unos días fueron los republicanos Ted Cruz (senador por Texas ) y Rand Paul (senador por Kentucky), los que anunciaron su candidatura a las presidenciales de 2016. El domingo anunció la suya la demócrata Hillary Clinton. Ayer lo hizo Marco Rubio (senador por Florida), también republicano. Es el pistoletazo de salida de la carrera por la Casa Blanca, con muchas metas volantes entre las elecciones primarias y el fin de fiestas el 8 de noviembre de 2016. En ese gran circo de las presidenciales la pista central la ocupa, por ahora, Billary Clinton (Hillary bajo los focos y Bill en la sombra). ¿Una nueva versión de Hillary y los siete enanitos? Quiero decir, ¿la ex first lady, ex senadora y ex secretaria de Estado como segura ganadora, y los demás candidatos simples comparsas? No vayamos tan deprisa.

De la lucha y el tumulto político durante casi dos años puede resultar cualquier cosa. Clinton (Bill) era un desconocido, pero pudo con el presidente George W. E. Bush, que unos meses antes tenía una popularidad cercana al 80%. El joven afroamericano Obama era un perfecto novato en política que, con una sensacional campaña, pudo con la omnipresente Hillary Clinton. Jimmy Carter era un anonido cacahuetero de Georgia, recién llegado a la política, que arrebató la presidencia a Gerald Ford, un veterano político con más de 25 años en la Cámara de Representantes. El tortuoso camino de unas elecciones presidenciales, que transita entre la sátira y la epopeya por primarias, convenciones, encuestas, embriones de oscuras crisis y el ruido de fondo de una catarata de discursos es impredecible. Hay que estar muy alerta, pues uno no tiene ni idea de lo rápido que se mueve el suelo bajo los pies de los candidatos.

Hace unos meses en este mismo periódico (¡Corre, Hillary, corre!, -el 29 de julio de 2014-) analizaba la candidatura de Hillary desde la perspectiva de sus fortalezas. Me referí incidentalmente entonces a algunos factores que pueden llevarla a la Presidencia. El primero, que el partido demócrata aparece unido en torno a su candidatura -sin perjuicio de la posible incorporación a la carrera de Elizabeth Warren, una radical de izquierdas, con el ala más liberal del partido demócrata a su favor-, mientras que el republicano está dividido entre varios candidatos: de momento los tres aludidos. Acechando están Jeb Bush, el más joven de la dinastía Bush; Chris Christie, moderado gobernador de Neva Jersey; Paul Ryan, antiguo candidato a la vicepresidencia con Romney y un largo etcétera.

El dinero es vital en una carrera presidencial. En torno a Hillary se van agrupando fuentes económicas que parecen inagotables: la gran banca, las más importantes sociedades financieras, las multinacionales y todo el poderío económico de Hollywood. Sin contar -aunque aquí, como veremos, hay un problema- con la Fundación Clinton, con unos fondos cercanos a los dos mil quinientos millones de dólares, los derechos de autor de los libros de Hillary y Bill, y las astronómicas cifras cobradas por conferencias de la ex secretaria de Estado que, por ejemplo, obtuvo 300 mil dólares por una sola en la Universidad de California en Los Ángeles. El tercer factor es el factor digital. La de 2016 será la campaña presidencial más tecnológica de toda la historia. Hillary va muy por delante de todos los posibles candidatos.

Desde luego, a esos factores, llamémosles externos, hay que añadir otros de la propia candidata. Es experimentada, competente, de una inteligencia política sobresaliente y su condición de mujer la impulsa, como ella misma dijo al perder las primarias de 2008, a romper “el techo de cristal más grande y más duro de la política estadounidense, al que le hemos hecho 18 millones de grietas”, que fueron los que le votaron en las primarias. Pero junto a esas fortalezas hay algunas debilidades, que serán explotadas a fondo estos largos meses de campaña. Me refiero a los llamados “clintongates”. Es decir, los fantasmas del pasado y los espectros del presente.

Comencemos por los primeros. La respuesta de los republicanos a la candidatura de Hillary ha sido fulminante: el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, afirma, en un comunicado hecho público poco después del anuncio, que Hillary deja tras de sí un “rastro de secretos, escándalos y políticas fracasadas”, por lo que su candidatura presidencial representa “más de lo mismo”. ¿A qué se refiere? Prescindiendo de las repercusiones sobre Hillary del caso Lewinsky, que ya es pasado, los reproches republicanos apuntan a varios temas de su época de secretaria de Estado: Libia (Bengazi), Boko Haram( grupo terrorista nigeriano) e Irak. Libia es el agujero negro de la gestión de Hillary. La muerte del embajador y de cuatro paramilitares de la CIA fue una increíble negligencia por parte del Gobierno, al no proteger adecuadamente lo que era en realidad un puesto avanzado de la CIA. El grupo terrorista Boko Haram se ha hecho tristemente célebre por el rapto masivo de chicas de un colegio nigeriano. Se acusa a Hillary de no haberlo incluido preventivamente entre las organizaciones terroristas. El voto de la senadora Clinton a favor de la intervención del ejército americano en Irak, vuelve una y otra vez sobre su responsabilidad en esa desafortunada guerra de Bush.

Pero también están los espectros de hoy. Dos en especial: el emailgate y los sospechosos movimientos de esa máquina de hacer dinero que es la Fundación Clinton. Siendo Hillary secretaria de Estado, la Fundación presidida por Bill Clinton recibió millones de dólares de gobiernos extranjeros. Un ejemplo significativo es el caso argelino. Según el Washington Post, en 2010 Argelia deseaba tener una relación privilegiada con Estados Unidos. La donación de 500 mil dólares a la Fundación Clinton pareció mejorar la relación entre los dos gobiernos. Con lo cual, al parecer, se infringió el acuerdo ético firmado en 2008 entre la fundación Clinton y el Gobierno de Obama, que limitaba las donaciones de Gobiernos extranjeros. Los analistas se preguntan si la Fundación resistirá la minuciosa investigación que se desatará en la campaña electoral.

Respecto al emailgate, el problema surge al revelarse que Hillary -cuando era secretaria de Estado- usó una cuenta de correo electrónico privada para asuntos de Gobierno, contraviniendo la ley federal. Associated Press-apoyándose en la Ley de Libertad de Información- quiere forzar en los tribunales toda la publicación de los mensajes de la entonces secretaria de Estado. Con esa medida, AP espera que se publique la agenda privada y pública de Clinton y su correspondencia oficial con asesores, así como el intercambio escrito sobre la operación militar contra el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden. Clinton se defiende pidiendo que el Departamento de Estado publique su correspondencia electrónica, incluyendo la emitida desde su ordenador privado. Algunos sospechan que algunos de estos correos fueron borrados. Para los enemigos de la candidata a la Presidencia, la existencia de una colección de e-mails privados parece una invitación a la conspiración. Conspiración que -para otros analistas- recuerda el archivo por falta de pruebas del caso Whitewater y la tendencia de los Clinton a jugar con distintas reglas. En mi opinión, no parece que este escándalo tenga demasiada fuerza ante los votantes. Dentro de año y medio esta discutible conducta será olvidada y nadie votará por o contra Clinton basándose en una infracción reglamentaria.

Pero estos fantasmas -que el show electoral aumentará- son simples guijarros en el camino. El verdadero obstáculo serán sus contrincantes republicanos. Comenzando por Jeb Bush que, aunque todavía no se ha presentado, su figura ya adopta un tono presidencial en los vídeos que emite. Pronto entrará en el ruedo, dando lugar a un choque frontal entre la dinastía Clinton y la dinastía Bush. Unos ven el enfrentamiento como un evento fascinante que animará la carrera electoral. Otros, más escépticos, hablan de un “monopolio oligárquico”, pues si triunfa uno de los dos, Estados Unidos habrá sido gobernado desde 1989 a 2020 -a excepción del intervalo de Obama, pero con una Clinton de Secretaria de Estado- por algún miembro de las dos familias.

Resulte lo que resulte, recordemos lo que escribía Walt Whitman sobre el espectáculo que ahora comienza: “No conozco nada más espléndido, un ejercicio mejor, una prueba más positiva del pasado y el resultado triunfante de la fe en la raza humana, que unas elecciones nacionales norteamericanas bien disputadas”.

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