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La inesperada abdicación del Rey; por Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional

03/06/2014
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El día 3 de junio de 2014, se ha publicado en el diario El Mundo un artículo de Jorge de Esteban, en el cual el autor sostiene que Juan Carlos de Borbón dejará de ser “inviolable” desde el momento en el que deje el trono.

LA INESPERADA ABDICACIÓN DEL REY

En este país últimamente vamos de sorpresa en sorpresa. Nos estábamos reponiendo de la conmoción del resultado de las elecciones europeas, que demuestran que se ha trastocado todo el mapa político español, cuando ayer a las 10.30 el presidente Rajoy comunicó a través de la televisión y la radio que el Rey Juan Carlos le había informado de su decisión de abdicar en su hijo el Príncipe de Asturias. El presidente del Gobierno subrayó que el Rey cree que este era el mejor momento para hacerlo.

Sea lo que fuere, nos encontramos con el quinto caso de un monarca español que estando en el poder abdica o renuncia a sus derechos. En efecto, el emperador Carlos V y los reyes Felipe V y Carlos IV abdicaron a favor de sus respectivos hijos, mientras que Amadeo I renunció a sus derechos a la Corona de España. Por otro lado, Isabel II y Alfonso XII abdicaron a favor de sus herederos legales respectivos, cuando se encontraban en el exilio. Las razones de estas abdicaciones o renuncias son diversas, pero todas vienen a decirnos, salvo si acaso la abdicación de Carlos V, que no fueron totalmente voluntarias sino que siempre existió alguna razón de peso que les empujó a ello. Dicho de otra manera, los monarcas que abdican no lo hacen voluntariamente, sino que de una forma u otra se les obliga a abdicar.

En el caso actual del Rey Juan Carlos, la abdicación tampoco parece que sea enteramente voluntaria, tal y como parece que fueron, por ejemplo, las que se han producido en Holanda y Bélgica. Es más, no sabemos si hay alguna grave razón oculta que haya provocado estas prisas por abdicar ahora. Creo que la abdicación hubiera sido más acertada hace tres o cuatro años, cuando el escándalo de Urdangarin todavía no había contaminado a la Corona española. Si se hubiese producido en esa ocasión, el Rey habría dejado el trono en loor de multitudes, porque hay que reconocer que los españoles han vivido durante su reinado la época más importante de progreso y bienestar de toda su Historia. Pero no se supo reaccionar a tiempo y, en consecuencia, en estos últimos años el prestigio de la Corona se ha debilitado gravemente, poniendo en evidencia que el mayor error cometido por parte del Rey y de la Familia Real ha sido dejar que su vida privada invadiese su vida pública. Con esto no quiero decir que el Rey y su familia no tengan derecho a una vida privada. La tienen, pero con dos matizaciones: su vida privada debe ser la mínima posible y debe estar siempre presidida por la discreción, porque un Rey lo es durante las 24 horas del día. Además hoy ya no se puede contar con cierta complicidad de la prensa, como ocurrió al principio de este reinado, cuando los medios de comunicación eran muy respetuosos con el Rey y su familia.

Hoy, por el contrario, las nuevas tecnologías, con internet a la cabeza, se han convertido en una especie de ventana indiscreta de Hitchcock, que permiten observar la vida privada de los grandes personajes, como si se tratase de un enorme microscopio agrandando su tamaño real. Ciertamente, ese es el peaje que hay que pagar, cuando se está en la primera línea del escaparate de un país.

Pero como ya no se puede dar marcha atrás, si queremos preservar la Monarquía mientras sea útil para España, y yo creo que todavía puede serlo, hay que examinar si se han dado los pasos adecuados para que el Príncipe Felipe se convierta en Rey, de la manera más aceptable para todos los españoles. Sin embargo, parece que el terreno por el que se deberá caminar hacia su proclamación como Rey es pantanoso y está lleno de obstáculos. En efecto, los últimos Gobiernos no han sabido -o no han querido- prever las insuficiencias de la Constitución en lo que respecta a las abdicaciones, renuncias o cuestiones que afectan al orden sucesorio. Hemos tenido que escuchar numerosas veces a nuestros gobernantes que no hacía falta para nada ninguna Ley de la Corona que completase la poquedad del artículo 57 de la Constitución. El último de los gobernantes que ha mantenido esta peculiar teoría es el actual ministro de Justicia, que ha repetido varias veces que basta con la Constitución y que no hace falta ninguna ley que desarrolle la Constitución en lo que respecta a la Corona. Sin embargo, en este diario hemos señalado repetidas veces, a lo largo de los últimos años, que era algo indispensable para el futuro de la Monarquía. Pero ha sido lo mismo que predicar en el desierto. De este modo, al no haberse desarrollado mediante una ley orgánica comprensiva todas estas cuestiones, el Gobierno se inclina ahora por afirmar que para cada cuestión debe haber una ley orgánica ad hoc. Lo correcto sería, según exige la lógica constitucional, que hubiese dos leyes orgánicas: una de desarrollo general, que previese todos los supuestos posibles y otra particular para que las Cortes aprueben en cada caso las decisiones que afecten a esta materia. Sea como sea, si la ley en la que piensa el Gobierno no se refiere nada más que al hecho de que las Cortes aceptan la abdicación del Rey, dejarán otras cuestiones sin resolver que se acabarán planteando inmediatamente. Voy a comentar sucintamente, en este sentido, tres entre las varias que se pueden suscitar.

En primer lugar, de acuerdo con el artículo 56.3 CE “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Esta cuestión no ofrecía dudas en el caso de que se hubiese producido la muerte del Rey en su puesto, ya que entonces se realizaría la sucesión biológica de forma automática. Pero estamos en una época de renuncias y abdicaciones de papas y reyes y, por tanto, habría que haber dejado bien claro cuál será el estatus del Rey abdicante. En otras palabras, Juan Carlos de Borbón dejará de ser inviolable automáticamente en cuanto deje el trono. ¿Significa que la inviolabilidad caducada sólo le serviría, en su caso, para los actos cometidos durante su periodo como Rey? De otro modo, qué ocurriría si se le imputa un delito a partir del momento de su abdicación, cuando ni siquiera se sabe si está o no aforado. Este problema debe resolverse, por consiguiente, para evitar situaciones desagradables, si es que se presentan, cuando el Rey ya no esté amparado por la inviolabilidad, naturalmente en el caso de que se piense que debe conservar algún tipo de garantía como consecuencia de su situación anterior.

EN SEGUNDO LUGAR, aunque no parece probable, no se sabe si los futuros reyes de España, Felipe y Letizia, podrían tener un nuevo hijo y si, en ese caso, fuese un varón. Porque de ser así ya tendríamos planteado un conflicto como consecuencia de que no se ha modificado el artículo 57.1 CE, que sigue estableciendo la supremacía del varón sobre la mujer en el orden sucesorio. También en este periódico se expuso hace años la manera de haber solucionado este escollo, pero nuestros gobernantes no lo vieron así.

Por último, no existe tampoco ninguna regulación sobre la posición del presidente del Gobierno en el momento en que tengamos un nuevo Rey. Desde el punto de vista protocolario, se afirma que el presidente del Gobierno tiene que presentar su dimisión al nuevo Rey, puesto que no ha sido éste quien le propuso para ser investido por las Cortes, según lo que establece el artículo 99.1 CE. En el caso de que el nuevo Monarca aceptase su dimisión por las razones que fueran, no habría más remedio que disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones, a fin de que concurran en el presidente del Gobierno la legitimidad de su nombramiento, con la confirmada por el nuevo Congreso de los Diputados. Pero no sólo son estas tres cuestiones las que debería haber previsto esa Ley de la Corona que no existe sino otras muchas que se descubrirán en los próximos días.

En cualquier caso, nadie puede negar al Rey Juan Carlos que haya querido ser el Rey de todos los españoles y que bajo su reinado España haya vuelto a ser un país importante con el que hay que contar entre las diversas naciones de este mundo. Pero ahora, cuando el Rey Juan Carlos le ha pasado el testigo a su hijo Felipe, muchos ciudadanos creen que sólo podrá reinar éste legítimamente si se celebra un referéndum entre todos los españoles para que decidan si España debe seguir siendo una Monarquía, porque si gobernar es resistir, reinar es sobretodo permanecer.

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