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Lecciones de Gamonal; por José Félix Pérez-Orive Carceller, abogado

28/02/2014
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El día 28 de febrero de 2014, se ha publicado en el diario ABC, un artículo de José Félix Pérez-Orive Carceller, en el cual el autor considera que en el contencioso de Gamonal quedamos expuestos a que cosas parecidas pudieran repetirse.

LECCIONES DE GAMONAL

Se van a iniciar los juicios sobre los disturbios de Burgos. Para muchos el proyecto de avenida en Gamonal se cerró en falso. Tal vez pudiera ser así y acaso debiéramos aprender algo de lo allí acontecido. Analicémoslo despacio. En el proyecto de Gamonal se identifica una suma de desaciertos. Uno, el principal, aceptar la solidez de los hechos que lo apoyaban: A) El PP obtuvo mayoría absoluta en Burgos. B) También la obtuvo en Gamonal. C) El boceto iba en su programa electoral. D) Con el PSOE, al ofrecer algo parecido se sumaba el 80% de los votos. E) El plan gozó de un procedimiento administrativo impecable. Sin embargo...

En vez de empezar el ayuntamiento por el final, debió haber empezado recabando las opiniones de los vecinos y contrastarlas con los hechos citados, que es buena forma de protegerse ante lo aparente, de librarse de la presión organizativa municipal, de zafarse de las discrepancias y de conseguir alternativas (la mejor decisión suele ser la que consigue mayor número de alternativas). Para lograrlo, no se precisaba ni un referéndum ni un estudio que llevara semanas. Las opiniones podían obtenerse por muestreo en cuarenta y ocho horas, o lanzando un globo sonda antes de las adjudicaciones de la obra.

De haber actuado así (lo hicieron a destiempo) hubieran sabido que: A) Habían pasado más de dos años desde las elecciones. B) Muchas de las personas que les votaron ignoraban el plan para el barrio. C) El PSOE no tenía exactamente ese diseño, ni la voluntad de echarles una mano. D) La adjudicación a personas poderosas y afines incitó sospechas. E) La crisis había cambiado las prioridades. Y F) La información pública expuesta en un pequeño tablón de anuncios no había trascendido. En definitiva: los hechos no eran los hechos. El segundo error pudo ser no acertar con la respuesta adecuada a la siguiente pregunta: ¿debía el alcalde considerar el problema como algo rutinario o como un fenómeno nuevo? Tal vez el alcalde, con la mejor intención, opinó que aquello era algo nuevo y lo juzgó afrontándolo como tal; pero no era algo nuevo: desde el cojo Manteca, pasando por el 15-M, el cerco al Congreso, etc., el fenómeno respondía a las mismas características: aprovechar la chispa de un error y, aireado, crear con la ayuda de los antisistema un fuego. Era algo ya sabido, y requería una respuesta basada en reglas utilizadas antes. Más que una decisión precisaba una adaptación... al caso de Burgos.

En Burgos hay muchas nevadas; si acaecieran en el mes de junio serían un problema excepcional que obligaría a improvisar, pero si se producen en enero no hay nada que decidir: exige la aplicación automática de un protocolo. El ayuntamiento, al creer que era algo nuevo, perdió mucho tiempo.

Un tercer error podría ser una mala definición de la necesidad a satisfacer en el barrio. Al errar en los dos puntos anteriores, el consistorio no decidió, decidieron las presiones. En principio, la corporación solo debería servir al vecindario: esa era la fuente de su legitimidad, e ignorar que un proyecto rechazado por los vecinos no podía ser importante menoscababa su jerarquía.

Profundizar sobre la necesidad a cubrir hubiera desvelado que a la mayoría de los vecinos el proyecto o les era indiferente, o incómodo por las obras o absurdo en tiempos amargos. Siguieron engañándose con la ayuda de algunos comentarios de prensa favorables: “En Gamonal había treinta mil vecinos y en la manifestación solo tres mil”. De haber sido las preferencias tan claras, una contramanifestación de mayor concurrencia habría zanjado el tema. No se convocó porque intuyeron que no tendría éxito.

Todo el mundo en una discrepancia puede llegar a soluciones de compromiso. Pero, cuidado, hay dos tipos de compromisos distintos. Uno es cuando decimos que medio pan es mejor que ninguno y en ese caso tratamos de cubrir al menos una parte de la necesidad identificada; en nuestro caso sería: la gratuidad de las plazas de aparcamiento, la biblioteca, el carril deportivo... El otro es cuando afirmamos, como Salomón, que medio niño es peor que ninguno y entonces defendemos cosas vitales innegociables: la Constitución, la propiedad, la seguridad. ¿Cuál de los dos era el caso en Gamonal al principio? El primero. El proyecto permitía graduación: se habría podido suavizar, cambiar o repartir los fondos. Los compromisos del primer tipo se resuelven con negociación, nunca con antidisturbios; los segundos, por el contrario, no admiten el chalaneo y exigen autoridad. Equivocar esto suele acabar mal: una situación de negociación por rigidez, lentitud o desconocimiento se convierte en una de autoridad. Y eso fue lo que ocurrió.

El fin último de un ayuntamiento no es cumplir la ley, eso no lo diferenciaría de un equipo de fútbol. Ni hacerla cumplir, eso no lo distinguiría de un juzgado. El fin último de un ayuntamiento es el servicio público de su municipio. Y de ahí se deduce que los riesgos de violencia no los atenúa una carretera indeseada por quienes han de circular por ella.

En el contencioso de Gamonal quedamos expuestos a que cosas parecidas pudieran repetirse. El Gobierno acaso no debió decir, como dijo, que respetaba lo que hacía el alcalde, cuando sus decisiones trascendían el perímetro municipal y nos comprometían a todos. Esa sería una España no ya federal, sino confederal.

¿Alguna enseñanza? Tal vez sí. A) Los problemas de esta naturaleza, por ser genéricos, obligan a los ayuntamientos en sus proyectos principales a formular una política de aplicación automática. B) No han de establecer hechos de antemano, más bien favorecer el debate para aprender y estimular opiniones que los fijen antes de actuar. C) No plantar cara a los vecinos cuando la satisfacción de una necesidad sea menor que el riesgo que comporta, o sea de naturaleza graduable. D) Cuando en temas de gran enjundia no podamos renunciar al proyecto por ser algo vital, aplicar la jurisdicción e incluso la fuerza de manera proporcionada. E) Para ese caso, preguntémonos: ¿es realmente necesario este proyecto? Y si no lo hacemos, ¿qué pasa? Optemos: sí o no. Evitemos satisfacer a la gente tarde y mal (no operemos solo media vesícula que sin resolver nada pueda degenerar en una trágica infección). F) Presentes estas cautelas, demos por hecho que aun así las cosas serán desagradables, los proviolentos nos esperarán, pero un mínimo de previsión permitirá evitar el pánico del desconcierto y sobre todo mantener la iniciativa, que fue lo que nunca debimos perder.

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