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Crónica de una injusticia recurrente (II); por Luis Rodríguez Ramos, Catedrático de Derecho Penal y abogado del General Alonso Manglano

20/08/2013
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El día 20 de agosto de 2013, se ha publicado en el diario ABC, un artículo de Luis Rodríguez Ramos, en el cual el autor quiere que este modesto homenaje póstumo sirva de testimonio público ante sus hijos y demás familiares, en compensación de la ingrata soledad que le acompañó tras su dimisión como eficiente director del CNI.

La incógnita del significado de la abreviatura “Pdte.” se resolvió a favor del general cuando, en marzo de 1997, la Sala 3.ª del Tribunal Supremo desclasificó trece documentos auténticos del CESID, entre los que se encontraban los mencionados que Perote había sustraído en fotocopia, comprobándose que dicha portada no correspondía a ese informe relativo al inicio de las acciones violentas en el sur de Francia, sino a otro nada relevante a tales efectos, desvaneciéndose así la falsedad en la que se basaba la imputación a Alonso Manglano, que pasó desde entonces de imputado a ser testigo en todos los procedimientos de los GAL.

Pero mucho antes de la desclasificación, el general fue citado a declarar como imputado ante el juez Garzón, y la tarde antes de su primera declaración el abogado de Perote llamó por teléfono al autor de estas líneas diciendo: “Di a tu cliente que mañana tiene una declaración de alto riesgo. O dice que despachó con Felipe González sobre los GAL, o se va a la prisión militar con Perote”.

Advertido el general por este relator del riesgo real o ficticio, pues se non era vero era ben tro

vato, su respuesta fue: -”Si yo cediera a este chantaje pasaría a la historia con la fama de haber provocado una grave crisis de gobierno, forzando la dimisión de Felipe González, en unas circunstancias en las que ya no tengo nada que perder, al haber dimitido como director del CESID y carecer de expectativas de nuevas oportunidades profesionales. Pero si cediera a este chantaje mentiría, porque nunca despaché con el presidente de Gobierno sobre estos temas”.

Asumió en consecuencia el riesgo pero su abogado se puso en contacto con el entonces Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional, José Aranda, quien tras recibir tan alarmante información designó para que asistiera a esa declaración a un fiscal distinto del que llevaba ese procedimiento. Finalmente no se produjo la anunciada prisión, a pesar de haber negado Alonso Manglano que despachara con el presidente sobre los GAL.

Otro suceso relevante, que también contribuyó a la realidad del chantaje, tuvo lugar a través de otra llamada del abogado de Perote, que el autor de estas líneas nos sabe si acaeció antes o después de la llamada anterior, posiblemente antes. En cualquier caso, en esta otra llamada le dijo: “Buenos días, he estado en La Moncloa entrevistándome con Felipe González en presencia del ministro Belloch, negociando a “nivel de Estado” en nombre de otro cliente que conoces. Te llamo para que negociemos tu y yo sobre el futuro de tu cliente entre otras cosas, también a “nivel de Estado”“.

-”Jesús, yo sólo defiendo a un ciudadano que ya no es cargo publico y él será mi único representado en cualquier negociación. Yo no puedo tener el honor de representar al Estado porque no tengo poderes para ello”.

La larga historia procesal del general, como se ha dicho, terminó bien, pero después de diez años de sufrimientos injustos que afectaron a su impoluta fama. De tan trágicas circunstancias le queda a su abogado la satisfacción de haber conocido a un cliente de excepcional categoría humana. Sus virtudes eras las propias de un auténtico militar, con un patriotismo y un respeto por lo público ejemplares, que le permitieron soportar con estoicismo esta persecución. Como anécdota le comentó a este relator un miembro del CESID que, al cesar como director “don Emilio”, dejó en el centro, con una nota indicando procedencia y fecha de cada objeto, todos y cada uno de los regalos que durante su mandato había recibido de colegas extranjeros y demás encuentros principalmente internacionales, al considerar que no eran regalos recibidos por sus méritos personales sino sólo por razón del cargo.

Pues bien, si toda absolución o sobreseimiento son, como decía Carnelutti, un error judicial porque esa persona no debería haber sido sujeto pasivo de ninguna imputación penal y del consiguiente “estigma” personal y social, Emilio Alonso Manglano, además de ser víctima de todos los errores descritos, lo fue del relatado chantaje continuado durante dos lustros, maltrato más inmerecido si se considera su condición de caballero especialmente honorable y de fiel servidor del Estado. Que descanse en paz y que este modesto homenaje póstumo sirva de testimonio público ante sus hijos y demás familiares, en compensación de la ingrata soledad que le acompañó tras su dimisión como eficiente director del que hoy es el Centro Nacional de Inteligencia, rodeado de infamias al resultar perseguido por la Justicia, cuando muy pocos sabían que era una persecución injusta, y sirva también esta crónica para que toda la sociedad reciba con sentido crítico todos los mensajes informativos de los medios, pues con frecuencia las apariencias siguen engañando.

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