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Invertebración de España; por Manuel Jiménez de Parga, catedrático de Derecho Político y ex presidente del Tribunal Constitucional

22/01/2013
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El día 22 de enero de 2013, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Manuel Jiménez de Parga, en el cual el autor opina que la actual invertebración del Estado debe afrontarse y resolverse con una acción política, teniendo en cuenta los datos de los excesos en la presente situación.

INVERTEBRACIÓN DE ESPAÑA

El año 1921, don José Ortega y Gasset publicó España invertebrada, unas páginas que, en el prólogo a la segunda edición, el autor considera que son sólo “un ensayo, de un índice sumamente concentrado y casi taquigráfico de pensamientos”. Este libro-ensayo tuvo gran éxito, se sucedieron las ediciones y fue traducido a varios idiomas.

La tesis de Ortega se basa en la ausencia de “los mejores” en la escena española. Tal vez hoy se consideraría una afirmación demasiado elitista, una devoción desmesurada por las minorías, si bien él en páginas posteriores puntualiza que “el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores”. Para remediar el mal, lo que hay que hacer, según el maestro, es esto: reconocer que “la misión de las masas no es otra que seguir a los mejores, en vez de pretender suplantarlos. Y esto en todo orden y porción de la vida”. Y Ortega agrega textualmente: “Donde menos importaría la indocilidad de las masas es en política, por la sencilla razón de que lo político no es más que el cauce por donde fluyen las realidades sustantivas del espíritu nacional. Si éste se halla bien disciplinado en todo lo demás, poco daño pueden causar sus insumisiones políticas”. (Más tarde rectificaría esta infravaloración del quehacer político, según veremos).

Con un enfoque distinto, hace unas semanas Su Majestad el Rey aludió a otra invertebración -precisamente la que inicialmente menospreciaba Ortega-, o sea, a la invertebración política, la del Estado español. Tenemos delante -vio bien el Rey- una organización jurídico-política necesitada de reformas. El denominado Estado de las Autonomías ha descarriado. Lo consideré aquí hace unas semanas.

Hay que vertebrar ese Estado para que funcione bien. El diseño acordado en 1978 se ha desviado en su ejecución. El carácter abierto de los procedimientos de revisión constitucional ha permitido la pretensión de sustituir el modelo autonómico por otro que históricamente resulta disparatado. Se han transferido con ligereza competencias a las comunidades autónomas, como el caso de las normas para el desarrollo del artículo 27 de la Constitución, relativas a la educación y enseñanza, olvidando que las competencias estatales trasferidas o delegadas siempre tendrán por único titular al Estado, por más que éste delegue su ejercicio en las comunidades autónomas. Y, desde luego, la reversibilidad de esa delegación o transferencia no pasa por el consentimiento de la comunidad autónoma beneficiada, como sería el caso si se tratara de competencias atribuidas por su Estatuto. Quiero decir que el artículo 150.2 de la Constitución no permite superar el modelo autonómico en lo que se refiere a los límites de los máximos competenciales en términos de titularidad.

La actual invertebración del Estado -oportunamente denunciada por el Rey- debe afrontarse y resolverse con una acción política, teniendo en cuenta los datos de los excesos en la presente situación. El profesor Andrés Betancor, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad Pompeu Fabra, me facilita una información con las siguientes puntualizaciones:

1.- Los organismos públicos se han multiplicado en las distintas comunidades con funciones que no lo justifican: como protección de datos, defensa de la competencia, consejos económicos y sociales, organismos de control de cuentas públicas, consejos consultivos, institutos de la mujer, etc.

2.- Exceso de aeropuertos: El número total de aeropuertos es de 52, de los cuales sólo ocho son oficialmente rentables, mientras que Alemania con mayor población y extensión cuenta sólo con 39 aeropuertos.

3.- Demasiadas universidades: El número total de universidades, públicas y privadas es de 79, de las cuales, 51 se han creado a partir del año 1978 y 28 son privadas, el resto son públicas. Ninguna universidad española se encuentra entre las 200 del mundo y sólo tres entre los números 201 y 300, según el reputado Academic Ranking of World Universities (ARWU), elaborado por Center for World-Class Universities de la Shanghai Jiao Tong University.

4.- Proliferación de los medios de comunicación de titularidad pública. Todas las comunidades cuentan con sus medios de comunicación. El importe de las subvenciones percibidas por las televisiones públicas en el año 2011 ascendió a 2.334,5 millones de euros.

5.- Respecto al sector público español hay que subrayar que es muy notable en términos de número de entidades (más de 20.000), empleados (casi 2,7 millones) y de gastos de funcionamiento (166.000 millones anuales), y que ha crecido de manera desbocada en los últimos años. Así, por ejemplo, el número de entidades, en especial, en el ámbito autonómico, ha aumentado un 31% en nueve años, pasando, el año 2003, de 1.774 a las actuales 2.326. Este incremento ha sido desigual en las distintas comunidades: Andalucía (21,5% de incremento), Cataluña (29%), Baleares (54%), Galicia (20%), Madrid (18%) y Valencia (37%).

6.- Además, continúan aún en manos de las Administraciones públicas más de 2.700 empresas, de las que casi 2.000 están bajo control de las entidades locales, 629 de las comunidades y 174 del Estado.

7.- Por último en el ámbito local, al discutido papel de las diputaciones provinciales, se ha de sumar el irrazonable tamaño de los municipios: de los 8.117 existentes, 2.600 tienen menos de 250 habitantes, y 6.810 menos de 5.000 vecinos.

La vertebración del Estado supone poner fin a tantos excesos cometidos en los últimos años. Las tesis de Ortega sobre la ausencia de “los mejores” en la escena española fue oportuna en la primera mitad del siglo XX. Ahora hay que prestar atención preferente a la política, que no es sólo un cauce, sino la magna hacedora de lo cotidiano.

Ya hemos apuntado que Ortega no se olvidó de la importancia de la política. Poco después de publicar España invertebrada, en 1927 comienzan a aparecer en un diario madrileño los comentarios que luego formarían parte del libro La rebelión de las masas (1930). Según observaba el maestro “hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante de la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social”. En ese mundo, que se avecinaba, el quehacer político consolidará la unión de todos los europeos.

Fue un pronóstico cumplido decenios después. En este porvenir, acertadamente anunciado, la tarea creadora de la acción política es de gran relevancia. La vertebración europea, como la que ahora necesita España, sería la obra de los políticos inteligentes.

El auténtico gobierno de Europa, que regule en su vuelo al enjambre de pueblos, solícitos y pugnaces como abejas, escapados de las ruinas del mundo antiguo. He aquí, gracias a la política, la unidad de Europa que, según Ortega, no es una fantasía, sino que es la realidad misma. Es la Europa debidamente vertebrada por la política.

En la España del siglo XXI tenemos que conseguir la plena unidad por el quehacer oportuno de los políticos. Por ello, la plenitud política se conseguirá sólo con un Estado debidamente vertebrado.

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