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Moral: distingamos; por Enrique López, Magistrado

21/01/2013
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El día 21 de enero de 2013, se ha publicado en el diario La Razón, un artículo de Enrique López, en el cual el autor afirma que la moral y la ética son necesarias para guiar el comportamiento del ser humano, y máxime del responsable público.

MORAL: DISTINGAMOS

En los últimos días se habla mucho de ética y estética con motivo de ciertas decisiones personales que afectan a las ocupaciones de ciertos responsables políticos o que lo han sido. Yo no voy a añadir nada al respecto sobre tales opciones, que, por cierto, me merecen el mayor de los respetos, y ello, porque estas decisiones han podido ser valoradas por su carácter transparente, algo esencial en una democracia. Como ciudadano, me preocupan mucho más los comportamientos y dedicaciones opacas, de las cuales, si se conocieran, se podría hablar y mucho. Pero más allá del debate abierto, lo que deberíamos tener todos claro es que a un responsable político y público, concepto en el que estamos concernidos miles de personas, lo primero que se le debe exigir es un grado de moralidad; en segundo lugar, un compromiso con sus obligaciones, una dedicación honesta y honrada, y, por último, una cierta tendencia a la mejora y perfeccionamiento, cuando menos, y a poder ser, un ansia de excelencia. Pero en este debate conviene no confundir churras con merinas, y eso es algo en lo que se incurre con cierta asiduidad, cuestionando ciertas decisiones personales sobre el futuro profesional, insinuando espurios intereses tratando de relacionar tareas desconectadas entre sí o buscando torcidos intereses basados en relaciones familiares. Generando esta confusión se pierde la perspectiva, y eso hace que situaciones gravísimas se coloquen en situación de igualdad con meras anécdotas, a la vez que se tiende a trivializar el problema y, como siempre, a debatirlo profusamente durante dos días, olvidándolo al tercero. A esto se le añade que muchos de los que muestran más escándalo son personas que niegan un previo concepto de moral inmanente, superior y previo a la Ley. Parten de que en principio, y en lo personal, sólo se ven concernidos por los límites y prohibiciones legales y, cuando se refieren a los demás, los enjuician bajo los postulados de su propia ideología. Ha llegado el momento de empezar a asumir que el derecho se legitima por su esencia moral y por ser la expresión de lo justo, constituyendo su fin último: dignificar a la persona. Entiendo que la separación total entre moral y derecho está superada, existiendo entre ambos conceptos una estrecha relación por regular la conducta humana. Este debate es bueno si se hace con racionalidad y con el fin de dignificar la responsabilidad pública y sobre todo no confundiendo la corrupción, moral y legal, con la necesidad de generar un mayor grado de responsabilidad y entrega en las ocupaciones públicas. No cabe duda de que ha habido una gran dosis de avaricia y falta de frenos morales, así como de autodisciplina en general, y ello en una parte importante de la sociedad. Hemos vivido un modelo basado en una ciega confianza en un crecimiento indefinido y en el crédito inmoderado. A su vez, se generó una conciencia en la sociedad de ausencia de coste en lo público, existencia de recursos ilimitados y un rechazo al eventual y necesario, a veces, sacrificio, individual y colectivo. Muchos rapsodas del relativismo han criticado determinadas conductas sobre la base de distinguir ley, ética y estética, y eso es correcto, si se es siempre coherente con el propio discurso. El problema está en que ética y estética no significan para todos lo mismo. Algunos ponen énfasis en la mera estética, destacando situaciones de conflicto de intereses meramente formales, los cuales aun no suponiendo un conflicto real son fácilmente identificables. Decía Wittgenstein que “ética y estética son lo mismo” y, aunque en filosofía esto es discutido, en el ejercicio del poder forman parte de una misma realidad, en tanto en cuanto hay que hacer y hay que parecer. Sin embargo, siendo ello cierto, el enjuiciador público o el opinador, en definitiva, cualquiera que aspira a conformar opinión pública, debe hacer un esfuerzo intelectual de manera especial en este tema y valorar las situaciones con cierto grado de justicia y rigor, porque mezclando las cosas se hace un flaco favor a la lucha contra la corrupción, y sobre todo contra la inmoralidad. La ética profesional puede definirse como la ciencia normativa que estudia los deberes y los derechos profesionales de cada profesión -deontología profesional-. Establece un conjunto de responsabilidades éticas y morales que surgen en relación con el ejercicio de la profesión y guían la conducta profesional. Por ello, con mayor énfasis debe existir en las dedicaciones públicas. La ética de la dedicación debe tener por objeto crear conciencia de responsabilidad en todos y cada uno de los que ejercen una actividad, profesión u oficio. A pesar del relativismo resulta fácil identificar lo justo y conveniente en cada circunstancia. La moral y la ética son necesarias para guiar el comportamiento del ser humano, y máxime del responsable público. El ser humano es el único animal que puede trastornar el instinto, puede “tomar agua sin tener sed, comer sin hambre y...”.

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