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  • EDICIÓN DE 25/06/2012
 
 

Edoardo Chiti, Agustín José Menéndez y Pedro Gustavo Teixeira

El rescate europeo de la Unión Europea

25/06/2012
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Es una más que una obviedad decir que Europa está en crisis. Lo que no es baladí, sin embargo, es preguntarnos a qué nos referimos cuando decimos que Europa está en crisis. En el discurso público estándar, recogido profusamente en los medios, la crisis europea es identificada tanto con la crisis financiera que siguió a la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, como con la crisis de deuda soberana detonada por la incapacidad del Estado griego para financiar su excesivo déficit y su enorme deuda a finales de 2009. Sin embargo ¿es esta una caracterización apropiada de la crisis? ¿Podemos reducir la crisis europea a sus aspectos financieros y de “deuda pública”? ¿O no está siendo cuestionada la propia Unión Europea (UE) como organización política? ¿Podemos confiar en la capacidad de los líderes europeos para convertir la crisis en una oportunidad para avanzar en la integración europea, del modo en que han sido generalmente interpretadas las crisis europeas de antaño? (. . .)

Edoardo Chiti es Professore associato de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de la Tuscia

Agustín José Menéndez es Profesor contratado doctor permanente I3 de la Facultad de Derecho de la Universidad de León

Pedro Gustavo Teixeira es Consejero del Comité Ejecutivo de la Banca Central Europea y lecturer del Instituto de Finanza y Derecho de Frankfurt

El artículo fue publicado en El Cronista n.º 29 (junio 2012)

INTRODUCCIÓN: EN CRISIS, OTRA VEZ

Es una más que una obviedad decir que Europa está en crisis. Lo que no es baladí, sin embargo, es preguntarnos a qué nos referimos cuando decimos que Europa está en crisis. En el discurso público estándar, recogido profusamente en los medios, la crisis europea es identificada tanto con la crisis financiera que siguió a la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, como con la crisis de deuda soberana detonada por la incapacidad del Estado griego para financiar su excesivo déficit y su enorme deuda a finales de 2009. Sin embargo ¿es esta una caracterización apropiada de la crisis? ¿Podemos reducir la crisis europea a sus aspectos financieros y de “deuda pública”? ¿O no está siendo cuestionada la propia Unión Europea (UE) como organización política? ¿Podemos confiar en la capacidad de los líderes europeos para convertir la crisis en una oportunidad para avanzar en la integración europea, del modo en que han sido generalmente interpretadas las crisis europeas de antaño? ¿Cómo podemos valorar las numerosas respuestas que Europa ha planteado frente a la crisis durante los últimos tres años? ¿Estamos en realidad viviendo una “primavera europea”, o por el contrario pronto nos veremos llorando la muerte de Europa y de la Unión Europea (y viviendo quizás el preludio de una guerra europea, como ya profetizó un economista americano en 1997)?

Con la vista puesta en estas inquietantes preguntas, este ensayo se desarrollará en tres partes.

En primer lugar, vamos a desempolvar los orígenes de la presente crisis europea, distinguiendo entre diversos procesos de largo plazo que, desde nuestro punto de vista, representan sus raíces más profundas. Estos procesos históricos explican la crisis actual y muestran su naturaleza compleja y multidimensional (I).

En segundo lugar, repasaremos las principales decisiones políticas y las reformas legislativas presentadas por la UE y sus Estados miembros como vías hacia la superación de la crisis financiera y de deuda soberana. En especial, propondremos una clasificación de las respuestas europeas a la crisis en diferentes fases institucionales y señalaremos determinadas tensiones que subyacen a las mismas y a sus graves y problemáticos efectos (II).

En tercer lugar, defenderemos que diversos elementos esenciales del proyecto tradicional europeo se encuentran sometidos a una profunda reformulación. Si bien no es posible concluir que la UE ya se haya convertido en un nuevo tipo de entidad política, sí podemos sugerir que estamos siendo testigos de una mutación progresiva del ordenamiento jurídico y político europeo, tal como se había ido formando de manera gradual a lo largo de los últimos cincuenta años, así como de un periodo fundacional de un nuevo modo de integración europea (III).

Vamos a concluir argumentando a favor del rescate europeo de la UE, el cual se encuentra inevitablemente ligado a una perspectiva federalista. Valiéndonos de las tres fases de nuestro análisis, expondremos las tres condiciones que deben concurrir para hacer posible este rescate.

I. DESEMPOLVANDO LOS ORÍGENES DE LA CRISIS EUROPEA: NO UNA, SINO CINCO CRISIS

En esta sección, proponemos que los orígenes de la actual crisis deberían ser desempolvados. En particular, consideramos que la actual crisis puede remontarse a cinco procesos diferentes, aunque interconectados, de la historia europea contemporánea: el giro neoliberal de Europa en los años setenta; la posterior financiarización de las economías de los Estados europeos; el crecimiento sostenido de la deuda pública; el establecimiento de una unión monetaria asimétrica en el contexto de la UE; y el rotundo fracaso de los intentos de aclarar la naturaleza de la UE como entidad política.

Estos procesos históricos se caracterizan por iniciarse con anterioridad a la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, por influirse de manera recíproca y por representar las raíces más profundas de la crisis actual. También explican por qué esta crisis, lejos de ser tan solo una crisis financiera y de deuda soberana, tiene también carácter económico y constitucional, y por lo tanto, debería ser considerada en su naturaleza multidimensional.

En las próximas páginas, ofreceremos un breve repaso de la secuencia de estos procesos históricos y del modo en el que se han combinado en la actual crisis multidimensional. Solo si se introduce un mínimo de claridad analítica será posible evitar análisis excesivamente simplistas o parciales de la presente crisis.

1. El giro “neoliberal” y sus contradicciones internas

En la “economía de turbulencias” que siguió al colapso de los acuerdos de Bretton Woods a principios de los años setenta, las tasas de crecimiento de las economías occidentales, incluidas las de los Estados miembros de la UE, se ralentizaron considerablemente. El notable impacto estructural y asimétrico derivado de un inesperado y brusco aumento de precios del petróleo, desencadenó la tristemente célebre estanflación de los años setenta. En este contexto, un descoordinado “keynesianismo estatal” fracasó en su intento de resucitar las economías nacionales, puesto que la capacidad estructural de los Estados nación para controlar su entorno socioeconómico había menguado dramáticamente como consecuencia de la liberalización del comercio y la lenta pero constante recuperación de los mercados internacionales de dinero.

Los políticos socialdemócratas y los conservadores por igual abandonaron su compromiso con el “keynesianismo estatal” a lo largo de Europa. La lucha contra la inflación y la búsqueda de la “estabilidad de precios” desbancó al pleno empleo en los primeros puestos de las prioridades políticas. Este desplazamiento estructural se acentuó tras la segunda crisis del petróleo en 1979. Pero en algunos países europeos tuvo lugar incluso antes. Este fue el caso de Alemania, donde el predominio de las ideas ordoliberales y el rol constitucionalmente reconocido al Bundesbank había mantenido al keynesianismo a raya hasta finales de los años sesenta. El momento keynesiano bajo el periodo de Kurt Schiller en la cartera de Hacienda fue más bien breve. Por motivos muy diversos, el giro fue también patente en el Reino Unido a partir de mediados de los años setenta. Los problemas en la balanza de pagos de Gran Bretaña se agravaron notablemente a principios de los setenta, lo que llevó al gobierno británico a buscar la ayuda financiera del FMI en 1976. En otros países, el abandono de las políticas keynesianistas tuvo lugar recién en los años ochenta.

... (Resto del artículo) ...

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