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Hacia el Reino Desunido de Gran Bretaña; por Jorge de Esteban, Catedrático de Derecho Constitucional

11/10/2012
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El día 11 de octubre de 2012, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Jorge de Esteban, en el cual el autor acerca del referéndum sobre la independencia de Escocia.

HACIA EL REINO DESUNIDO DE GRAN BRETAÑA

Justamente cuando, con motivo de los Juegos Olímpicos de este verano, se había conseguido unificar las cuatro selecciones de fútbol de Gran Bretaña en una sola (aunque no participaran ni escoceses ni irlandeses), se acabó definitivamente el prometedor reinvento. Ya se ha anunciado que en los próximos Juegos de 2016 no habrá una selección del Reino Unido, entre otras razones, porque el Reino se empieza a desunir.

En efecto, cuando los independentistas catalanes están a la búsqueda de un espejo en el que mirarse, tras haber contemplado Baviera, Puerto Rico y Quebec, aparece, o mejor dicho, reaparece, el de Escocia, que aspira a la independencia. Pero ni que decir tiene que no se puede afirmar que alguno de los trajes mencionados puedan servir a los nacionalistas catalanes, porque no tienen nada que ver con el caso de una democracia como la española, que posee una Constitución escrita que vincula a todos los poderes del Estado.

Pero veamos los antecedentes del caso escocés. Hasta comienzos del siglo XVII, Escocia e Inglaterra eran dos países independientes. La unión de ambas Coronas se realizó, con el consentimiento de Escocia, en 1603, a través del acceso al trono de Inglaterra de Jacobo VI de Escocia. Pero este país mantuvo su propio Parlamento en Edimburgo, aunque el soberano residiría en adelante en Londres. Esta fusión se completaría con el Acta de Unión de 1707, creando así el Reino de Gran Bretaña, solución que fue aceptable para los escoceses, porque les garantizaba el mantenimiento de sus instituciones, como una Iglesia escocesa autónoma, un derecho privado y un sistema judicial propios y una enseñanza autóctona.

Ahora bien, a partir del siglo XIX se asistió a una centralización de todos los poderes en Londres, lo que comportó que renaciese la nostalgia por la Escocia independiente. Cuando comienza el declive económico del Reino Unido a principios del siglo XX, sus secuelas se dejan sentir sobre todo en el norte del país. Hasta el punto de que, tras la II Guerra Mundial, el PNB por cabeza en Escocia era un 10% inferior al de la media nacional, aumentando igualmente el paro y la emigración. No es extraño, por tanto, que surgiese así un fuerte sentimiento autonomista que encarnó en el Scottish National Party (SNP), el cual llegó en su audacia a dirigirse en 1947 a la ONU para que se reconociese a Escocia como una verdadera nación...

Pero como el destino se venga a veces de las afrentas, la ridiculización de Escocia se tornó enseguida en admiración: se habían descubierto los yacimientos de petróleo en el mar del Norte. Las reivindicaciones de independencia de los escoceses comenzaron a ser oídas con toda atención. Entre otras cosas, porque el SNP comenzó a aumentar sus efectivos, sobre todo a partir de 1974, hasta el punto de que en la actualidad es el primer partido escocés, perjudicando primeramente al Partido Conservador y, más tarde, también al Partido Laborista, que veía en peligro su pasada hegemonía en esta región. Algo tenían que hacer los laboristas para asegurarse al menos la segunda posición en las regiones que, siguiendo el ejemplo de Escocia, comenzaban también a reivindicar lo que los británicos denominan devolution of powers. Esto es, se habla de “devolución”, porque el poder usufructuado por Londres procede de las regiones primitivas.

En consecuencia, Tony Blair incluyó en su programa electoral la descentralización o devolución de poder a Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Limitándonos a la primera, el 11 de septiembre de 1997 se realizó un referéndum, con una participación del 61,5% del cuerpo electoral, en el que se preguntaba si debía crearse un Parlamento escocés. El 74,3 % contestó sí, mientras que el 25,7 % dijo no. Desde entonces, los escoceses han gozado de una autonomía limitada. Pero ya no les basta a los nacionalistas, sino que lo que quieren es pura y simplemente la independencia, aprovechando que en las elecciones de mayo del año pasado el SNP, bajo la dirección del radical Alex Salmond, obtuvo 69 escaños de los 129 que conforman el Parlamento escocés.

Con el acuerdo alcanzado anteayer con el premier británico, David Cameron, se celebrará un referéndum, en el que votarán los mayores de 16 años, sobre la independencia de Escocia, aunque la victoria no parece que sea tan clara como la ve Alex Salmond, pues muchas encuestas dan mayoría a los partidarios de seguir en el Reino Unido. En cualquier caso, no hay duda sobre la legalidad de la consulta, porque la historia y la ausencia de un texto constitucional escrito que prohíba la devolution of powers entran dentro de la Constitución consuetudinaria de Gran Bretaña, a diferencia de lo que ocurre en España. Sea lo que sea, no creo que los electores escoceses sean tan estúpidos de votar por la independencia, creando un nuevo muro de Adriano que les separe de Inglaterra.

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