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El “caso Bretón”; por Enrique López, Magistrado

10/09/2012
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El día 10 de septiembre de 2012, se ha publicado en el diario La Razón, un artículo de Enrique López, en el cual el autor opina sobre el Caso Bretón.

EL “CASO BRETÓN”

Pocos casos como el denominado “caso Bretón”, han dado tanto que hablar. Es un suceso que nos hace reflexionar sobre la condición humana, y aquello que somos capaces de hacer, nos enfrenta a nuestros monstruos de la sinrazón, y nos hace recordar que hay personas con una maldad imprevisible. Pero más allá de ello, que no es poco, hay dos aspectos que me gustaría destacar. Uno es el papel de la Policía científica en España y otro es el papel de los medios de comunicación. El error cometido y conocido perfectamente por toda nuestra sociedad, podría hacer pensar que estamos necesitados de una mejor Policía científica, y que tenemos que hacer una profunda revisión de su forma de actuación. Muy al contrario, es el momento de reivindicar la excelente policía científica que tenemos en España, una de las mejores del mundo, y no es megalomanía, es la verdad. Llevo trabajando muchos años como juez, y estoy en situación de poder asegurar sin lugar a dudas, que contamos con los mejores profesionales en nuestro entorno. La Policía científica constituye una actividad policial encargada de la investigación técnica, así como de la recopilación probatoria en la investigación de delitos, abarcan la investigación y análisis de hechos delictivos en materia tales como la antropología forense y balística. Sus conclusiones introducidas en las procesos como prueba periciales, pocas veces son contrariados por las defensas. Una prueba pericial en materia balística, análisis de drogas, restos orgánicos o ADN, generalmente son admitidos como una prueba incontestable, y ello no sólo por autoridad científica, sino por su contrastada eficacia y acierto. Este es el momento de reivindicar su papel, y es triste que un desgraciado suceso, ponga en solfa su labor. Un error por clamoroso que sea, no puede empañar ni un minuto, la labor que lleva realizando nuestra Policía científica a lo largo de su historia. Otro aspecto de este caso, es su trascendencia mediática, y como se ha tratado, sobre todo en las televisiones. Vaya por delante mi respeto a los profesionales de los medios de comunicación, y entiendo cómo han tratado el tema, es inevitable. Pero más allá del caso puntual, tenemos que hacer un análisis sobre todo lo acontecido. La opinión pública no es un estómago que deglute todo, y que tiene derecho a deglutir todo. Tenemos que tener en cuenta que un caso como éste, será en su momento juzgado por un tribunal jurado, cuyos miembros han de ser ciudadanos, que en principio deberían introducirse en el proceso, con la mayor objetividad posible, y la cuestión es cómo vamos a encontrar en España a alguien que no esté contaminado por el prejuicio creado por la inevitable exposición del caso a los medios. Las pruebas biológicas a buen seguro serán claves en el juicio, y será difícil encontrar a algún ciudadano que no haya tenido previo conocimiento del caso. La exposición a los medios era inevitable, la crueldad del imputado y la naturaleza de los hechos son tan especiales que hace imposible que no sean tratados por los medios de comunicación. Pero admitiendo que esto es así y no se puede evitar, cada uno debe hacer su trabajo, y desde la responsabilidad pública, hay que intentar minimizar las riesgo, y sin merma del derecho a la información, se debe imprimir un mínimo de sentido común; no es un espectáculo edificante ver a personas llamadas a ser peritos en un juicio, contar sus conclusiones en la televisión, ni mucho menos policías. La Administración debe cuidar el tener portavoces que cuenten y bien las cosas, que las explique, pero que no sean los que a buen seguro serán llamados como testigos en el procedimiento. La transparencia es uno de los mejores antídotos frente a despotismo, pero esto no hay que confundirlo con la obligatoriedad de tener que dar cuenta punto por punto de como avanza una investigación. La información debe ser administrada por auténticos profesionales que entiendan y sepan de comunicación, porque con poca información, satisfarán mejor las necesidades de los medios, por el contrario un inexperto tenderá a contarlo todo, incluso aquello que no debe, y eso no es bueno. Cada uno tiene que hacer su trabajo, y esto lo entienden los periodistas; estos, cuanto más información se les de mejor, pero no son irresponsables necesitados de permanente información. Cuando se les explican las cosas bien, y se les cuenta los riesgos de difundir determinada información, por lo general lo entienden y colaboran, pero para ello hay que hacer un esfuerzo responsable y profesional de exposición a los medios. De este caso debemos aprender muchas cosas, y por último, entender que la única consecuencia, el error producido, ha sido la prolongación del dolor de una madre que desconocía, aunque intuía lo que había pasado con sus hijos. Pero ni ha provocado la fuga del autor, ni ha metido en prisión a un inocente.

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