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Una visión de Europa después de la crisis; por Viviane Reding, Vicepresidenta de la Comisión Europea y Comisaria Europea de Justicia, Derechos fundamentales y Ciudadanía

10/02/2012
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El día 10 de febrero de 2012, se ha publicado en el Diario El Mundo, un artículo de Viviane Reding, en el que la autora afirma que Europa tiene hoy la oportunidad de convertirse en una unión política fuerte pero son precisos coraje y paciencia para la reforma institucional. Transcribimos íntegramente el texto del artículo.

UNA VISIÓN DE EUROPA DESPUÉS DE LA CRISIS

Hace 20 años, los dirigentes europeos se reunieron en una ciudad holandesa medio escondida cerca de la frontera con Alemania y Bélgica para firmar un nuevo tratado. El Tratado de Maastricht representó el salto más significativo hacia la integración europea: la creación de la moneda única. La decisión de transferir la soberanía monetaria al nivel europeo fue consecuencia de unos acontecimientos políticos de carácter sísmico. La desaparición del Telón de Acero y la reunificación alemana generaron la voluntad política de unificar para siempre las naciones de Europa en una casa común europea. Diez años más tarde, la introducción de los billetes de euro supuso la coronación de este proceso.

Sin embargo, antes de que la tinta del Tratado se hubiera secado, el acuerdo recibió críticas por dar lugar a una construcción incompleta en los ámbitos monetario y fiscal. Maastricht hacía posible una única política monetaria, pero dejaba las políticas económicas, fiscales y sociales en manos de los gobiernos nacionales. Se le encomendó la política monetaria al Banco Central Europeo, pero el Tratado no creó ninguna contrapartida fiscal.

Esta construcción asimétrica era deliberada. Fueron muchos los que pensaron que así se facilitaría la competencia de las mejores políticas nacionales en materia de fiscalidad, seguridad social o prestaciones sanitarias. Hubo también otros que lamentaron que Maastricht no incluyera una unión política de pleno derecho, aunque estaban seguros de que no habría efectos secundarios en las demás políticas comunes después de que los billetes comunes comenzaran a circular.

Veinte años más tarde, todos somos más sabios. Tras el periodo relativamente largo de bonanza del euro, la crisis financiera global condujo a la crisis de la deuda soberana en Europa y sacó a la luz las grietas del sistema. La construcción de Maastricht no es un cimiento lo suficientemente sólido para nuestra Casa de Europa. La UE ha tenido que aprender lecciones desagradables. En un principio nos esforzamos por encontrar las mejores respuestas a la crisis. Algunos observadores perdieron la paciencia enseguida. Algunos otros abogaron por la desaparición del euro.

Hemos defraudado las expectativas más catastrofistas. Los dirigentes europeos han dejado claro que el euro está para quedarse. Adoptaron la decisión después de tomar otra decisión: la de estabilizar la Casa de Europa. Con sus inyecciones de liquidez sin precedentes, el BCE contribuyó a cubrir el techo que se había quedado parcialmente al descubierto tras la tormenta. La Comisión y el Parlamento europeos han luchado para que la legislación dé paso a un sólido sistema de supervisión financiera y controles europeos creíbles sobre la política presupuestaria y macroeconómica.

Días atrás, los dirigentes europeos firmaron dos nuevos tratados complementarios: un acuerdo fiscal que exige a los países miembros que adopten como una de sus normas el equilibrio presupuestario y un tratado de establecimiento de un mecanismo de estabilidad que facilite la constitución de un fondo monetario para estabilizar los países de la zona euro con recursos financieros generados a través de bonos europeos.

Europa está ahora preparada para capear nuevas tormentas. Sin embargo, no podemos dormirnos en los laureles. Aún tenemos que ganarnos a los ciudadanos. Es el momento de consolidar lo que se ha construido. Ésta es la razón por la que hoy, 20 años después de Maastricht, yo propongo un plan de cinco puntos para el año 2020.

1. En 2013, los gobiernos europeos deberían iniciar un debate abierto, en sus parlamentos nacionales, sobre la Europa que a los ciudadanos les gustaría tener en el año 2020.

2. Las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 podrían ser la ocasión para un amplio debate: ¿deberíamos completar la Casa de Europa y avanzar hacia unión política de pleno derecho? ¿Podemos hacerlo todos los estados miembros de la UE o sólo los países de la zona euro? Los partidos políticos europeos deben desarrollar diferentes ideas y proponer un candidato que podría convertirse en el próximo presidente de la Comisión.

3. Antes de las elecciones, los dirigentes europeos deberían ponerse de acuerdo en que el próximo presidente de la Comisión, una vez elegido por el Parlamento Europeo, pase a ser también el presidente del Consejo Europeo. Los tratados actuales han sido deliberadamente redactados de una manera que lo permite.

4. Los dirigentes europeos deberían ponerse de acuerdo en que el nuevo presidente del Consejo convoque una convención encargada de redactar un tratado sobre la unión política europea. Dicho acuerdo debería garantizar que el Parlamento Europeo se convierta en una verdadera Cámara legislativa, con derecho de iniciativa legislativa y derecho exclusivo a elegir la Comisión. Y un tratado sobre la unión política debería garantizar que el presidente de la Comisión tenga derecho a disolver el Parlamento en caso necesario.

5. De 2016 a 2019, el tratado sobre la unión política estaría sujeto a ratificación de todos los Estados miembros por medio de referendos. Entraría en vigor una vez que dos terceras partes de los estados miembros lo ratificaran. A los ciudadanos se les deberían dar dos alternativas: o bien aceptar el nuevo tratado o bien rechazarlo y seguir manteniendo una fórmula de asociación estrecha, en particular la de seguir formando parte del mercado único.

Europa tiene hoy la oportunidad de convertirse en una unión política fuerte. En 2020, nuestro continente, que se beneficiará de una divisa fuerte y del mercado interior más grande del mundo, puede asumir una posición de poder en la escena internacional. Son precisos coraje y paciencia para la reforma institucional. Roma no se construyó en un día y tampoco lo hará una unión política europea. Ahora bien, tenemos una oportunidad histórica de hacer que suceda.

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